Teoría y praxis del desarrollo sostenible por Mercedes García


Introducción
Desde mediados del siglo XX se ha hecho más tangible la discusión respecto a los modelos desarrollo viables para las naciones, de allí que surge el concepto de desarrollo sustentable en oposición a la concepción estrictamente economicista e incrementalista con la que se planificaba y medía el desarrollo basado más en soslayando el impacto del crecimiento económico e industrial sobre el medio ambiente natural y la calidad de vida de las personas.  Desde luego la nueva concepción de desarrollo sustentable no es per se ambientalista ecologicista, así como tampoco es estrictamente económico sino que trata de incorporar todas las dimensiones en la que se desenvuelve el ser humano asumiendo que es un ser biopsicosocial inmerso en un ambiente natural donde coexiste y convive con otras especies de igual importancia para el mantenimiento del equilibrio de la naturaleza.
Lo importante de esto es se produjo una inflexión con la tradición judeo cristiana heredada principalmente en la cultura occidental en el que se le dio al hombre el dominio sobre el todos los seres y la Tierra (Génesis 1, 28) y con las concepciones renacentistas del siglo XVI en el que se considera que la humanidad es superior a todos los seres y la búsqueda de su bienestar es un precepto moral, en consecuencia el único entorno natural viable es aquel que esté al servicio de la humanidad.
Ahora bien, esta inflexión no se produjo espontáneamente, por el contrario, fue producto de la apreciación de los daños ocasionados a la naturaleza producto del desarrollo bajo un enfoque meramente economicista y explotador del ambiente y del impacto que empezó a evidenciarse en la calidad de vida de las personas en todo el planeta. El calentamiento global, los efectos de la emisión de gases, la pérdida de bosques, la capa de ozono, son problemas que a mediados del siglo XX obligaron a los gobiernos del mundo y a Organizacioes No Gubernamentales (ONG´s) a enfrentar la realidad humana. Somos una especie más en el planeta y el equilibrio ecológico depende de todos. Si se quiere un futuro, el desarrollo tenía que ser sustentable. 
En función de todo lo planteado se pretende en este informe exponer sintéticamente la evolución del pensamiento ambientalista, se hace una aproximación a la definición de desarrollo sustentable/sostenible, las dimensiones del desarrollo sostenible y conceptos asociados, tales como, ambiente y desarrollo; se realiza un breve recorrido sobre las Cumbres de la Tierra de la Organización de Naciones Unidas (ONU) - Cumbres de Río 92, Johannesburgo 2002 y Copenhague 2009- Asimismo  se tocan aspectos vinculantes a las estrategias de Desarrollo tales como la educación ambiental, organizaciones ambientalistas, tecnología y desarrollo entre otras.

Desarrollo
Terminología básica vinculante al Desarrollo Sostenible

Ambiente, complejidad ambiental y desarrollo
El ser humano ha transformado la naturaleza para su adaptación desde su origen, todo trabajo, todo producto creado conlleva la transformación de la naturaleza para su adecuación a la sociedad humana sujeto y objeto de la misma diseñando en el devenir histórico distintas formas de organización, estructuras sociales y relaciones de producción.
Como ambiente se comprende el sistema global constituido por elementos naturales y artificiales de naturaleza física, química, biológica, sociocultural y de sus interrelaciones, en permanente modificación por la acción humana o natural que rige o condiciona la existencia o desarrollo de la vida. Está constituido tanto por elementos naturales como por los artificiales inclusive aquellas cosas que son productos del hombre y que lo incluyen. El ambiente está en constante modificación, positiva o negativa, por la acción del hombre o natural. O sea que los cambios pueden ser hechos por los humanos o por la naturaleza misma. En síntesis, el ambiente es todo aquello que nos rodea, que forma parte de nuestro entorno, ya sea biótico o abiótico, sumado a lo que nosotros mismos somos y creemos.
Al considerar el ambiente como un sistema resultante de la interrelación del todo se asume que el mismo es resultado de las relaciones sociedad-naturaleza en un devenir histórico. Al considerarse el ambiente o medio ambiente como el todo resultante en el que un grupo o comunidad humana ha intervenido el entorno natural a fin de satisfacer sus necesidades físicas, biológicas o culturales (Martínez, 2014).
Desde luego esta relación está condicionada por las características geográficas del territorio que se ocupa, sus potencialidades, limitaciones, tolerancia. En este punto se rescata el término “sustentable” y su relación con el “crecimiento”. En la ecología humana se habla de “crecimiento exponencial” de los componentes de un ecosistema. En este caso si un territorio tiene baja resistencia ambiental se dan las condiciones para un crecimiento exponencial de la población, esta forma de crecimiento se caracteriza por duplicarse en intervalos regulares hasta que no puede crecer más debido a que se agotan los recursos esto es lo denominado “capacidad de sostenimiento” de un sistema “La capacidad de sostenimiento es la actividad máxima que puede mantener un sistema sin degradarse en el largo plazo” (Calvente, 2007, p. 2-3), es evidente la relación de la capacidad de sostenimiento con la acepción de desarrollo sostenible acuñada en el informe Brundtland, “Our Common Future” publicado en 1987: “el desarrollo que satisface las necesidades actuales sin comprometer la capacidad de las futuras generaciones de satisfacer sus propias necesidades” (UNESCO, 2012); y la concepción una sociedad sustentable definida en Calvente (op. cit.)
…una sociedad en la cual el desarrollo económico, el bienestar social y la integración están unidos con un medioambiente de calidad. Esta sociedad tiene la capacidad de satisfacer sus necesidades actuales sin perjudicar la habilidad de que las generaciones futuras puedan satisfacer las suya (…) Sustentabilidad es la habilidad de lograr una prosperidad económica sostenida en el tiempo protegiendo al mismo tiempo los sistemas naturales del planeta y proveyendo una alta calidad de vida para las personas (p. 3).

Estas nociones demuestran la vinculación histórica entre la concepción del ambiente -fundada en el pensamiento mecanicista dominante-, de la naturaleza y el modelo de desarrollo en que se fundamenta la sociedad humana.
Lo interesante es que el desarrollo es un término multidimensional, se imbrica en la política, la economía -como fenómenos humanos- e impacta en el ambiente natural-como entorno biofísico- proveedor de recursos, lo que permite aseverar que cualquier crisis medioambiental, desastre ecológico o afectación al hábitat natural es producto de un modelo de desarrollo que hasta ahora ha sido insostenible. Martínez (op. cit.) señala que la complejidad ambiental permitiría reconocer la propiedades emergentes y la toma de conciencia de las intro-retrorrelaciones de los sistemas abiertos y además cambiaría o profundizaría la percepción del mundo –cosmovisión- alejando a las sociedades, grupos u organizaciones humanas de la visión simplista y reduccionista del pensamiento mecanicista y se abriría a nuevas ideas o procesos para generar modelos de desarrollo que comprehendan la complejidad de los sistemas abiertos.
Martínez (op cit, p. 231) expresa respecto al ambiente y la introducción del paradigma complejo y de la ciencia de la complejidad lo siguiente: La ciencia de la complejidad muestra que efectivamente el mundo mecanicista forma parte del pasado, revelando descubrimiento de comportamientos emergentes que invitan a pensar en nuevos contextos y en general a percibir el entorno de manera integral.
En suma, la contemporaneidad ha permitido comprender la amplitud de la acción humana y su impacto en la naturaleza, se pasó de una transformación local a una global con efectos que atañen a todo el planeta. En este marco surge el interés por nuevos modelos de desarrollo más equilibrados e integrados a la comprensión del entorno medioambiental.
El pensamiento ambiental en el Desarrollo Sostenible
Recuérdese que el principio fundamental del Desarrollo sostenible es que el uso apropiado de los recursos naturales puede satisfacer los intereses presentes y futuros, en oposición a esto, la lógica de las organizaciones es economicista, su norte es la obtención del máximo rendimiento presente, ante lo cual si los recursos naturales dan mayor beneficio en su explotación que en su cuidado, son sacrificados, en consecuencia la ganancia económica inmediata es el enemigo presente del medio ambiente (Buchholz, 1998; Costanza y col., 1999 citado en Vargas, 2007). Desde luego esta es una concepción de la organización como sistema abierto que es necesario comprender a fin de aprehender el fenómeno del desarrollo sustentable y como es asumido en el panorama mundial por las organizaciones.
En tal sentido una organización es un sistema abierta cuyas áreas de contacto con el exterior inputs son aquellas críticas para la adquisición de recursos y de información, y sus áreas de contacto con el exterior outputs son todas aquellas requeridas para sus transacciones de salida. Los inputs son los procesos internos de transformación, producción, mantenimiento y adaptación en tanto los outputs son las ventas, lo vinculado a este proceso y las relaciones públicas. Los inputs y los outputs están en constante interrelación (Hodge y col., 1998 citado en Vargas, 2007). En suma, para una organización el medio ambiente es una fuente de inputs del entorno.
El desarrollo sostenible y su modelo de tres ejes incorpora al sistema la variable ambiental como no como una fuente externa/inputs sino como una dimensión en equilibrio. La aproximación de las organizaciones a la sostenibilidad está influenciada por políticas económicas y ambientales ambiguas, la adopción de tecnologías de producción inadecuadas y con las prácticas de mercado de una sociedad consumista. La falta de aceptación del papel de las organizaciones en la sustentabilidad, influye el debate global que investiga acerca de las causas reales del deterioro de la naturaleza y del desequilibrio ecológico (Vargas, 2007).
El Desarrollo sostenible nace en la confrontación entre paradigmas ambientales, los conservacionistas y preservacionistas, Robinson (2003, citado en Rubio y Akizu, op. cit.) las explican:
La corriente preservacionista pretende proteger el medio ambiente y mantenerlo natural, protegiéndolo de la intervención humana. Consideran la naturaleza un bien supremo independiente de las necesidades humanas y por lo tanto debe permanecer intacto.
La corriente conservacionista asume que la naturaleza debe estar al servicio del hombre, es necesaria su defensa y conservación pero solo con el fin de que sus recursos se mantengan disponibles para futuras generaciones de los humanos. Esta se ancla en el paradigma antropocéntrico en la que el ser humano está por encima incluso de la misma naturaleza.
El Informe Brundtland de 1987 refleja sendas corrientes, sin embargo es notoria la postura antropocéntrica conservacionista que tiñe el informe y que posteriormente se expone en el primer principio de la Declaración de Rio de 1992 (Rubio y Akizu, op. cit.): “Los seres humanos constituyen el centro de las preocupaciones relacionadas con el desarrollo sostenible. Tienen derecho a una vida saludable y productiva en armonía con la naturaleza” (p.198). Este principio implica que toda la cultura (en su acepción antropológica) está al servicio del hombre.

Evolución de la concepción de desarrollo

Si bien, el concepto de desarrollo ligado a los procesos de cambio económico no es de larga data. El desarrollo entendido como transformación y cambio es inherente a la historia humana.
El desarrollo como proyecto fue formulado inicialmente en Estados Unidos y Europa durante los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial. Se partía del hecho de que todo el mundo puede y debe llegar al mismo nivel con la simple implementación de políticas científicas, económicas y sociales (Eschenhagen, 2001, p. 112 citado en Gracia-Rojas, 2015). En realidad se pretendía que el desarrollo como política y proyecto fuera un recetario que países del tercer mundo deberían seguir para alcanzarlo, era una concepción imbricada en la filosofía del evolucionismo, de allí que para esta época se acuñaran nociones tales como “países desarrollados y en vías de desarrollo.
Desde luego estos llamados países desarrollados que se habían consolidado política y económicamente durante la postguerra  se transformaron en potencias industrializadas cuyo modelo de desarrollo se sustentaba en la transformación de materia prima, ciertamente esto indujo grandes avances tecnológico  que demandaba la industrialización y que impactó en los hábitos de consumo de estas sociedades, generándose un ciclo de extracción, transformación, producción, consumo y demanda que definió y define el modelo económico de las grandes potencias mundiales,  que determina transformaciones más profundas sobre el ambiente, tanto en cantidad como en calidad.
Foladori y Tommasino (2000 p. 42) acotan que los efectos de este modelo de desarrollo produjo consecuencias negativas para todo el planeta - calentamiento global, disminución de la capa de ozono, la pérdida de la biodiversidad- y en consonancia en los países desarrollados incorporan en su agenda política y económica la preocupación por el medio ambiente natural y el equilibrio ecológico así como el tema de la equidad social. Estos autores relatan que en la década de 1970 las corrientes ambientalistas se introducen en la discusión política y corriente fue la base del Informe Meadows para el Club de Roma Los límites del crecimiento (1971) en donde se señalaba la capacidad de nuestro planeta para soportar la continua expansión económica del ser humano. Este fue el inicio de los debates sobre ambiente y desarrollo en la agenda política mundial. 
Las medidas propuestas en el Informe Meadows se centraron en la reducción de la producción industrial, la reorientación de las actividades humanas hacia los servicios educativos y sanitarios, la mejora en la producción de alimentos básicos y el fomento de una política de reciclado de los residuos. (Gracia-Rojas, op. cit.). Posteriormente en 1972, se celebró en Estocolmo la conferencia de las Naciones Unidades sobre medio humano y se creó el Programa de las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente (PNUMA), esta sostuvo una posición contraria a la corriente catastrofista y planteó que los problemas ambientales y de desarrollo eran compatibles y debía buscarse una posición común. En esta se proclama “el derecho de los seres humanos a un medio ambiente sano y el deber de protegerlo y mejorarlo para las futuras generaciones”.
Como producto inmediato de la conferencia se crea el UNEP (Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente), y la WCED (Comisión Mundial para el Medio Ambiente y el Desarrollo) que emitirá posteriormente su informe sobre el medio ambiente y el mundo en 1987, mejor conocido como el Informe Brundtland, “el espíritu general de la declaración partía de la base de que con tecnologías limpias en los países desarrollados; y transferencia de recursos financieros y técnicos para el Tercer Mundo, junto a políticas de control de la población, podían solucionarse los problemas. Se vislumbraron contradicciones entre los países ricos que pretendían controlar la producción y la explosión demográfica y los pobres que veían la necesidad del desarrollo” (Foladori y Tommasino, op. cit. p. 44).
En el Informe Brundtland, denominado Our Common Future, se utiliza por primera vez el término desarrollo sostenible, como “aquel que responde a las necesidades del presente de forma igualitaria pero sin comprometer las posibilidades de sobrevivencia y prosperidad de las generaciones futuras”; y agrega que este es un nuevo modelo “La sostenibilidad es un paradigma para pensar en un futuro en el cual las consideraciones ambientales, sociales y económicas se equilibran en la búsqueda del desarrollo y de una mejor calidad de vida. Estos tres ámbitos –la sociedad, el medio ambiente y la economía– están entrelazados” (UNESCO, 2012).
Es evidente que el informe establece la preponderancia de la dimensión social estableciendo la estrecha relación de lo económico a lo social y lo ambiental: “explica que el deterioro de uno de estos aspectos implica necesariamente el deterioro de los otros” (Bruni, 2000, p. 77, citado en Fuenmayor y Paz, 2006).  Asimismo indica dos aspectos fundamentales que redefinen el desarrollo: 1) Las necesidades de los países más pobres, las cuales tienen prioridad y 2) Los criterios de desarrollo económico aplicados por cualquier país deben ser compatibles con la sostenibilidad ambiental (Climent, 1999, 46 citado en Fuenmayor y Paz, op. cit. P. 424).
De Vicentis (2009)  destaca que en realidad no se habla del concepto de medio ambiente como tal, sino que se refiere al bienestar, y la calidad del medio ambiente, destacando así el principio ético principal entendido como responsabilidad por parte las generaciones de hoy hacia las generaciones futuras, y evidenciando los dos aspectos de la sostenibilidad ambiental: el mantenimiento de los recursos y el equilibrio ambiental de nuestro planeta.
En el mismo documento se hace hincapié en la protección de las necesidades de todos los individuos, con el fin de legitimidad universal para aspirar a mejores condiciones de vida, así como subrayar la necesidad y la importancia de una mayor participación de los ciudadanos, para implementar un proceso, de hecho aumenta las posibilidades democráticas en el ámbito internacional. En este punto histórico es cuando más se imbrican los términos ambiente, sociedad y desarrollo, y es un punto de inflexión respecto a la concepción del ambiente y la naturaleza y su vinculación con el avance progresivo de la humanidad, fundada en valores de equidad, corresponsabilidad y la justicia social.
Respecto a la sostenibilidad del desarrollo Utria (2002) lo define:
Como la capacidad del proceso de desarrollo de la sociedad para mantener en el espacio social, económico y político, así como en el tiempo su dinámica de progreso y sus beneficios, en forma estable, autogenerada y a plazo indefinido, no sólo en función de las generaciones del presente sino también de las del futuro. Todo ello frente a las nuevas y siempre cambiantes circunstancias históricas que toda sociedad tiene que confrontar, y en la doble perspectiva de la supervivencia de la humanidad y de la garantía de un hábitat digno y una elevada calidad de vida. Se trata, pues, de la garantía de que la sociedad pueda proyectarse históricamente en forma estable y segura hacia el futuro. Así, la estabilidad y la continuidad involucradas en la sostenibilidad constituyen nuevos y supremos desafíos y objetivos del desarrollo (p. 141).

La idea de desarrollo sostenible parte del supuesto de que puede haber desarrollo (mejora cualitativa y de potencialidades) sin crecimiento, sin incremento cuantitativo de la escala física, sin la incorporación de mayor cantidad de energía y materiales. No es el desarrollo sino el crecimiento indefinido lo opuesto a un mundo finito. El cambio de modelo es para toda la humanidad, tanto para quienes viven en pobreza –la mayoría- como para quienes viven confortablemente en grandes centros urbanos. Este cambio hacia el desarrollo requerirá de estrategias adecuada para su orientación y del compromiso de naciones (Macedo, 2005)
El desarrollo sostenible se puede explicar a través de los factores económicos, ambientales y sociales. Lograr un desarrollo sostenible responde al logro del equilibrio de esta trilogía “sobre cada pedazo de territorio que hay en la tierra y un equilibrio producto de la negociación entre los encargados de administrar dichos territorios...” (Dourojeanni, 1999, p. 8 citado en Fuenmayor y Paz, 2006, p. 424) Son distintas las posturas respecto al desarrollo entre los países desarrollados y aquellos llamados Subdesarrollados, en vías de desarrollo o del tercer mundo, es evidente que las necesidades sociales y las demandas de la población son distintas.
Las Dimensiones del Desarrollo Sostenible
Las dimensiones del desarrollo sostenible deben apreciarse de forma articulada e interrelacionadas.
 Dimensión ecológica o ambiental: persigue que el desarrollo sea compatible con el mantenimiento de los procesos ecológicos, la diversidad biológica y la base de los recursos naturales, en tal sentido es la capacidad de mantener la calidad y la reproducibilidad de los recursos naturales. Plantea límites a las actividades humanas, lo cual implica que está condicionada por la provisión de recursos naturales y de servicios ambientales de un espacio geográfico.
Para una mayor comprensión de esta dimensión se resumirán unos conceptos básicos que tomados de Duran (2010) ayudan a comprender como se calcula la capacidad o límite de recursos de un territorio. La capacidad de carga es el máximo número de personas que pueden ser soportadas por los recursos de un territorio y se define normalmente en relación a la máxima población sustentable, al mínimo nivel de vida imprescindible para la supervivencia. El concepto de capacidad de carga permite evaluar los límites máximos del crecimiento de la población según diversos niveles tecnológicos.
La capacidad de carga puede tener también varios significados. Cuando se trata de recursos renovables se refiere al rendimiento máximo que se puede obtener indefinidamente sin poner en peligro el capital futuro de cada recurso. Para el caso de los recursos naturales renovables, la tasa de utilización debiera ser equivalente a la tasa de recomposición del recurso. Para los recursos naturales no renovables, la tasa de utilización debe equivaler a la tasa de sustitución del recurso en el proceso productivo, por el período de tiempo previsto para su agotamiento (medido por las reservas actuales y por la tasa de utilización). Si se toma en cuenta que su propio carácter de “no renovable” impide un uso indefinidamente sustentable, hay que limitar el ritmo de utilización del recurso al período estimado para la aparición de nuevos sustitutos. Guimarães (1998, citado en Duran, 2010) sostiene que esto requiere, entre otros aspectos, que las inversiones realizadas para la explotación de recursos naturales no renovables, a fin de resultar sustentables, deben ser proporcionales a las inversiones asignadas para la búsqueda de sustitutos, en particular las inversiones en ciencia y tecnología.
Dimensión social: este eje busca fortalecer la identidad de las comunidades y a lograr el equilibrio demográfico y la erradicación de la pobreza. Para ello debe desarrollarse la capacidades que garanticen las condiciones para el bienestar humano: seguridad, salud, educación), vivienda adecuadas, la libertad de expresión y la identidad política y cultural.
Duran (op. cit.) expresa que hay relación entre los estilos de desarrollo de las sociedades desarrolladas y subdesarrolladas. Mientras en las primeras el sobreconsumo provoca insustentabilidad, en las segundas es la pobreza la causa primaria de la subutilización de los recursos naturales y de insatisfacción de necesidades básicas.
Citando a Guimarães (en Duran, op. cit.) indica que esta dimensión requiere  promover un nuevo estilo de desarrollo que favorezca el acceso y uso de los recursos naturales y la preservación de la biodiversidad y así como una sustentabilidad social que favorezca la reducción de la pobreza y de las desigualdades sociales y promueva la justicia y la equidad; sistema de valores, prácticas y símbolos de identidad cultural e integración nacional, que sea políticamente sustentable al profundizar la democracia y la participación en la toma de decisiones públicas. Se evidencia en estas apreciaciones de Guimarães que la dimensión aludida se relaciona estrechamente, además, con los aspectos culturales y políticos de las sociedades (párr. 20).
Dimensión económica: se concibe como la capacidad de generar ingresos y empleo para el sustento de la población. Así como el diseño de políticas económicas que conlleven a la distribución equitativa de cargas y beneficios en el tiempo y el espacio. Esta dimensión abre el debate respecto a la factibilidad de un modelo sustentable en una economía de mercado. Duran (op. cit.) acota que se requeriría un modelo económico sostenible desde el punto de vista ambiental y este sería aquél que se adecua a los ciclos biogeoquímicos de la materia, y le permite así perpetuarse en el tiempo. Desde luego que existen acuerdos y normas promueven influir en la mejora ambiental, pero en general son de adscripción voluntaria. El modelo económico actual basado en la obtención de la plusvalía conlleva a la explotación insustentable de recursos, lo cual llama a la reflexión.
De Vincentis (op. cit.) explica que el año 2010, Ciudades y Gobiernos Locales Unidos (CGLU), la asociación de ayuntamientos más grande del mundo, fundada en mayo de 2004 para defender la democracia y la autonomía local, en su declaración establece que: “la misión de la Comisión de cultura de CGLU para 2011-2013 es promover la cultura como el cuarto pilar del desarrollo sostenible a través de la difusión internacional y la implementación local de la Agenda 21 de la cultura”. Al respecto Duran señala que nuevos modelos de desarrollo solo serán posibles a través de un cambio en el modelo de civilización hoy dominante, particularmente en lo que se refiere a los patrones culturales de relación sociedad-naturaleza. Explica que la principal causa de la insustentabilidad se fundamenta en la dimensión cultural, o sea en la cosmovisión que posee la cultura occidental respecto a su entorno natural como fuente inagotable al servicio del hombre. Por otro lado, la sustentabilidad no sólo debería promover la productividad de la base de los recursos y la integridad de los sistemas ecológicos, sino también los patrones culturales y la diversidad cultural de los pueblos (Duran, op. cit.).
La Dimensión Geográfica: El "Informe sobre los Recursos Mundiales - 1992", elaborado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD por sus siglas en Inglés), enfoca el desarrollo sustentable como un proceso que requiere un progreso simultáneo global en las diversas dimensiones: económica, humana, ambiental y tecnológica. Como se ve, inicialmente se soslayaba la dimensión geográfica en su significado específicamente territorial, pues el ambiental está naturalmente explicitado. Las dimensión geográfica –también denominada territorial-, de la sostenibilidad constituye uno de los principales desafíos de las políticas públicas contemporáneas –de ordenamiento y planificación ambiental-, que requiere territorializar la sostenibilidad ambiental y social del desarrollo y, a la vez, sustentabilizar el desarrollo de las regiones, es decir, garantizar que las actividades productivas de las distintas economías regionales promuevan la calidad de vida de la población y protejan el patrimonio natural para resguardarlos para las generaciones venideras.
La dimensión geográfica de la sustentabilidad implica el progreso armónico de los distintos sistemas espaciales/ambientales, atenuando las disparidades y disfuncionalidades del territorio, además de promover sus potencialidades y limitar las vulnerabilidades. La dimensión territorial en la acción y gestión de gobierno constituye una visión globalizadora del desarrollo, un corte horizontal en la integración de los diferentes sectores y niveles gubernamentales (Guimarães, citado en Duran, op. cit.).

Las organizaciones ambientalistas y su rol en el Desarrollo Sostenible

Las instituciones ambientales en el mundo y en Venezuela
Las organizaciones ambientales son instituciones que buscan estudiar, monitorear o proteger el medio ambiente del mal uso o la degradación que implica el accionar humano. La actividades de estas entidades pueden ir desde realizar campañas informativas sobre temas ecológicos hasta invertir cientos de millones de dólares para apoyar la consecución de proyectos económicos sustentables. Las principales áreas en las que trabajan estas organizaciones son: contaminación atmosférica, disposición de residuos, nuevas energías, desarrollo económico sustentable, calentamiento global, especies en vía de extinción, consumismo y el agotamiento de recursos naturales. A continuación se presenta la información obtenida del portal web desarrollo sustentable, el cual muestra un listado de las organizaciones internacionales más conocidas en el área ambiental:
World Wildlife Fund (WWF) es una ONG que trabaja en temas relacionados con la conservación, investigación y restauración del medio ambiente. Es la organización de conservación más grande del mundo con más de 5 millones de voluntarios trabajando en 100 países.
Greenpeace, fundada en 1971 en Vancouver, Canadá, es una ONG presente en más de 40 países y cuyo objetivo es el de "Garantizar la capacidad de la tierra para nutrir la vida en toda su diversidad". Centra sus esfuerzos en campañas sobre asuntos tales como el calentamiento global, la deforestación, la sobre pesca, la caza de ballenas e ingeniería genética.
World Nature Organization (WNO) es una organización intergubernamental, muy joven (inicio sus operaciones en el 2012), que promueve la protección del medio ambiente. Principalmente se dedica promover nuevas tecnologías limpias, actividades económicas y energías renovables que son amigables con el entorno. Esta entidad es uno de los principales resultados de las negociaciones multilaterales de la ONU sobre el medio ambiente, básicamente su papel es convertir las declaraciones sobre protección de medio ambiente que surgen de la ONU en acciones realizables.
Friends of the Earth es una organización ambiental con más de 2 millones de activistas en 74 países que busca cambiar la percepción y concientizar a la opinión pública, medios de comunicación y políticos sobre distintos temas ambientales, el desarrollo sustentable, la pobreza entre otros.
Global Environment Facility busca crear asociaciones entre los países e instituciones internacionales, organizaciones civiles y el sector privado para abordar los problemas ambientales a nivel mundial a la vez que apoya iniciativas de desarrollo sostenible. También ofrece donaciones a proyectos relacionados con la biodiversidad, cambio climático, degradación de la tierra, capa de ozono, disposición de desechos etc. Desde de 1991 ha proporcionado más de US$11.500 millones en donaciones y ha movilizado más de US57.000 millones en cofinanciamiento para más de 3120 proyectos en 165 países.
Earth Action creada en 1992 en la cumbre de la tierra en Rio de Janeiro, es una red de acción con más de 2600 organizaciones en 165 países. Ésta ha llevado a cabo más de 84 campañas con el objetivo de informar e inspirar a la gente de todo el mundo a dirigir su preocupación, pasión e indignación a acciones significativas para lograr un mundo más justo, pacífico y sostenible.
Cool Earth es una organización ambiental que desde el 2007 busca proteger las selvas tropicales más amenazadas del mundo, para ésto trabaja con comunidades indígenas buscando frenar el avance de la tala ilegal. Cada año más emisiones de C02 son ocasionadas por la deforestación que las que producidas por Estados Unidos, así combatir la destrucción de las selvas se convierte en la mejor oportunidad para frenar el cambio climático.
Con más de 750.000 miembros en todo el mundo la ONG Environmenal Defense Fund trabaja en solucionar los problemas más críticos que enfrenta el planeta, especialmente de la biosfera: clima, océanos, ecosistemas y salud de la mano de otras organizaciones, gobiernos, compañías y las mismas comunidades con las cuales ha logrado grandes innovaciones en el trabajo de proteger medio ambiente.
The Climate Reality Projec es una organización fundada por el Nobel de la Paz Al Gore, que impulsa un movimiento mundial para la acción contra el cambio climático. Busca crear presión sobre líderes mundiales para que actúen para resolver la crisis climática. Ha realizado iniciativas como The Cost of Carbon  y 24 Hours of Reality.

Organizaciones ambientales en Venezuela

Según el portal web redesambientales.com las organizaciones ambientalistas en Venezuela están representadas por la Sociedad Venezolana de Ciencias Naturales, la Sociedad de Ciencias Naturales La Salle, la Fundación Phelps y la Fundación La Salle de Ciencias Naturales, trabajaron por el conocimiento e inventario de la fauna y la flora del país. Hasta el presente, las ONG junto con las universidades son quienes más han aportado en la investigación en diversidad biológica en el país.
A nivel de conservación de especies, las ONG ambientales han sido las promotoras y ejecutoras de programas de conservación de las principales especies amenazadas en el país, y dichos proyectos han sido la base para la elaboración de Planes de Acción de algunas especies o grupos.
El trabajo de muchas ONG ambientales venezolanas está directa o indirectamente vinculado a aspectos de conservación de parques nacionales y otras áreas protegidas. Además, estas organizaciones han sido promotoras de las creación de los Parques Nacionales Archipiélago Los Roques, Turuepano y Dinira, el Santuario Fauna Silvestre Cuevas de Paraguaná, el Refugio de Fauna Silvestre Isla de Aves. Adicionalmente, por la gestión de varias ONG se impulsó la incorporación como sitios Ramsar a los Olivitos, los Roques, la Laguna de Tacarigua y la de La Restinga, así como la declaración del Monumento Natural de los Tepuyes.
 En la última década, muchas ONG ambientales han desarrollado programas y proyectos bajo los lineamientos del desarrollo sustentable, por lo que su acción se enfoca en promover una mejor calidad de vida. En dichas iniciativas la educación ambiental y la participación comunitaria han sido herramientas fundamentales para la acción. Organizaciones como Bioparques, Acoana, Fundación Tierra Viva, Vitalis, la Sociedad Ecológica Conservacionista de Aragua, FUDENA, Fundación La Tortuga, Provita, FUDECI, Fundación Aguaclara y el Programa Andes Tropicales, entre otros, son ejemplos de este tipo de organización.
Un importante número estas ONG forman parte de la Red de Organizaciones Ambientales No Gubernamentales de Venezuela (Red ARA), una asociación creada en 1991, y cuya reactivación empezó en 2009 luego de 7 años de poca actividad. La mayor fuente de financiamiento de los proyectos ha provenido de organismos de cooperación internacional (Unión Europea, embajadas, Fondo Mundial del Medio Ambiente, Banco Mundial, etc.), empresas privadas y organizaciones privadas sin fines de lucro nacionales y extranjeras.
Por múltiples razones, tanto internacionales como locales, las posibilidades de financiamiento para el sector se han visto afectadas y reducidas de manera significativa. Revertir esta situación constituye parte de los retos que a corto y mediano plazo tienen las ONG ambientales de Venezuela.

Las Cumbres de Río 92, Johannesburgo 2002 y Copenhague 2009

En 1992 se realizó en Rio de Janeiro, la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y Desarrollo (CNUMAD), mejor conocida como la Cumbre de la Tierra; con el objetivo de diseñar estrategias y medidas tendientes a detener y revertir la degradación ambiental, y promover el desarrollo sustentable respecto al medio ambiente. En el marco de esta cumbre se hicieron una serie de declaraciones entre las que se mencionan:
·                La convención sobre cambio climático; una recomendación para estabilizar las emisiones de CO2 para el año 2000 a niveles de 1990.
Esta se considera una Declaración sin compromiso debido principalmente a que  los Estados Unidos no estuvieron dispuestos a reestructurar su parque industrial ni de reducir su consumo energético, así mismo, los países árabes no se comprometieron con la disminución de la producción petrolera.
·                La convención sobre la biodiversidad; que reconoció la soberanía de cada país respecto de su patrimonio biogenético.
Tampoco suscrita por los Estados Unidos mediada por intereses de las grandes empresas farmacéuticas.
·                La declaración de principios sobre el manejo, la conservación y desarrollo sustentable de todos los bosques.
Esta declaración fue un intento de frenar la tala de bosques y posteriormente se incorpora en la Agenda 21 como un plan de acción que alcanzaría el siglo XXI, lo interesante es que destacan 31 puntos esenciales y además, resuelve que el Banco Mundial sea el organismo encargado de orientar los fondos (Guimarães, 1992 citado en La Vina, Hoff, y DeRose, 2002).
Cabe señalar que la responsabilidad de reducir el impacto ambiental según los acuerdos de Rio era diferenciada, distinguía entre los países desarrollados y aquellos en vías de desarrollo según su pasado contaminador. Es evidente que solo fue un compendio de buenas intenciones dado a los compromisos de los gobiernos de países desarrollados con las grandes corporaciones representantes de economías globalizadas.
En el 2002 se celebró la Conferencia de Naciones Unidas sobre Desarrollo Sostenible, en Johannesburgo. El propósito era llamar la atención y actuar sobre la mejora de la calidad de vida de los ciudadanos y la conservación de los recursos naturales bajo la premisa de que la población mundial está en continuo crecimiento y demanda alimentos, agua, vivienda, saneamiento, energía, servicios sanitarios y seguridad económica. Su producto fue la Declaración de Johannesburgo sobre desarrollo sustentable donde se retomaron los puntos tratados en la cumbre de Rio, la intención fue demostrar que la pobreza puede erradicarse a través del desarrollo sustentable.
Los éxitos de la cumbre oficial incluyen decisiones sobre una meta de saneamiento, el reconocimiento de los derechos y roles de las comunidades en la gestión de recursos naturales, el fomento a una mayor responsabilidad y rendición de cuentas empresariales, la reafirmación del principio de acceso, la incorporación de principios éticos a la ejecución del Programa 21, la aceptación de la necesidad de desvincular el crecimiento económico de la degradación ambiental, y el lanzamiento de iniciativas y asociaciones claves para el desarrollo sostenible (La Vina, Hoff, y DeRose, 2002).
 Por otro lado, se puede afirmar que la Cumbre de Johannesburgo esperaba salvar la brecha que separa propuestas de la ejecución práctica de medidas concretas, sin embargo, no se hicieron avances significativos, los gobiernos concluyeron débilmente ratificando los esfuerzos y enfoques existentes, los cuales han sido considerados insuficientes (La Vina, Hoff, y DeRose, op. cit.) 
Para el año 2009 se realiza la XV Convención de la ONU sobre Cambio Climático” (o conferencia de las partes, COP15 por su siglas inglesas “Conferences of the Parties”), en Copenhague, tenía como pretensión llegar a un acuerdo internacional para hacer frente al calentamiento global a partir de 2012, y reemplazar así el Protocolo de Kyoto por un nuevo tratado vinculante con compromisos y objetivos concretos, conducente a revertir el aumento de la temperatura del planeta.
Sin embargo, de hecho, la Conferencia sobre el cambio climático de Copenhague, a pesar de todos los esfuerzos para llegar a la elaboración de un documento compartido por todas las naciones ha fracasado en el intento de crear un nuevo pacto internacional que tomase el relevo del Protocolo de Kyoto. Esta compromiso incluía la reducción de emisiones de Gases de Efecto invernadero   (GEI principales: dióxido de carbono (CO2), metano (CH4) y óxido nitroso (N2O), además de tres gases industriales. la concentración de estos gases crea el efecto invernadero en la atmósfera, constituyendo un factor directo en el aumento de la temperatura global del planeta y preparar los futuros objetivos para reemplazarlos por los actuales objetivos del Protocolo de Kyoto que se vencen en 2012.   Recordemos que el Protocolo de Kyoto sobre el cambio climático es un acuerdo internacional y jurídicamente “vinculante” y “vigente”, que tiene por objetivo para los países industrializados, reducir las emisiones de Gases efecto invernadero (GEI), en un porcentaje aproximado de al menos un 5% (es un valor promedio, cada país tiene sus propios porcentajes de reducción), comparando las emisiones de cada país en el año 2012, respecto del año 1990. El objetivo final a largo plazo que se pretendía en ésta COP15 era la reducción mundial de las emisiones de CO2 en al menos un 50% en 2050, respecto a 1990, y para conseguirlo obligaba a los países a marcarse objetivos intermedios (Fundación Enlaces, 2010).
La respuesta “del sistema” entonces fue crear el “mercado de los bonos del carbono”, que permite cumplir Kyoto comprando derechos de emisión, en cualquier lugar (con un mecanismo muy sofisticado por cierto). Esta es la manera de evitar la multa que conlleva el exceso de emisión de GEIs.   Es un hecho fáctico, que para el año 2010, y lejos de estar reduciéndose, las emisiones globales siguen aumentando, aunque a “un ritmo menor” (Fundación Enlaces, 2010).
García Acuña (2010) explique que de los 194 países que constituyen la Convención Marco de la ONU sobre Cambio Climático, únicamente 55 naciones, contando los 27 países de la UE, han presentado en el plazo de tiempo acordado por la Cumbre de Copenhague, antes del 1 de febrero de 2010, las medidas voluntarias de mitigación de emisiones de gases de efecto invernadero. Algunos de esos compromisos nacionales son poco ambiciosos, así los presentados por países altamente industrializados como EEUU y las naciones de la UE, y otros planes de reducción que tienen mayor calado (ejemplo: los de Brasil y México) dependen para su ejecución efectiva del apoyo financiero y tecnológico de los países desarrollados, una ayuda que ha quedado muy en el aire y con bajo perfil en el acuerdo de Copenhague. Por su parte, China y la India, que como miembros del llamado Grupo BASIC tuvieron gran influjo y peso en la redacción del acuerdo final de Copenhague, enviaron sus planes de mitigación de emisiones para 2020, pero no se adhirieron al Acuerdo
La decepción de la Conferencia de Copenhague ha sido todavía mayor para los pueblos que son más vulnerables al deterioro medioambiental vinculado al cambio climático (desertificación, crisis hídrica y alimentaria, emigración por sequía, etc.), esto es, aquellos grupos humanos que viven en una pobreza extrema como verdaderos desheredados de la tierra; porque, con relación a ellos, las naciones ricas participantes en la Conferencia de Copenhague no han hecho más que expresar la vaga propuesta de proporcionarles recursos financieros y tecnología, concretando cantidades monetarias globales sólo respecto de la compensación con transferencias financieras a los países más depauperados por la deuda contraída con ellos por el uso excesivo de los recursos energéticos del Planeta, pero moviéndose también aquí en el plano no vinculante de las “buenas intenciones”. De ahí que países como Nicaragua, Bolivia, Sudán, Venezuela y Cuba, entre otras naciones, no hayan firmado el documento final de Copenhague.

Estrategias de desarrollo sustentable

Consideraciones acerca del rol de la Globalización en el desarrollo sustentable
Rubio y Akizu (2005) la globalización inició con las influencias en ámbito financiero expandiéndose hacia la economía y la información, ya siendo un fenómeno ambiental, político y cultural. La globalización es un proceso avasallante tal como el desarrollo sostenible, no obstante, esta última lo es por necesidad y consenso entre organismos internacionales, agentes económicos y sociales de nivel global, regional o local. Por otro lado, la globalización no es un fenómeno malo por sí mismo sino porque es una consecuencia de los modelos económicos neoliberales- es decir, según Rubio y Akizu, la globalización viene asociada a un objetivo económico de producción y acumulación de capital en tanto que el desarrollo sostenible es un proceso con fines multidimensionales que puede ser impactado por la globalización.
La principal característica de la globalización que afectan, eventualmente, los objetivos del desarrollo sostenible y que se revisará en el punto siguiente relativo a las Cumbres mundiales es el carácter desigual de los actores que genera un desequilibrio a los habitantes del planeta en distintas geografías. Rubio y Akizu (op. cit.) explican que los principales agentes tales como gobiernos de países desarrollados o empresas multinacionales terminan imponiendo sus intereses sobre aquellos menos poderosos. Se hace realidad lo que puede influir en estas economías, mientras se delega o niega aquello que es irrelevante para los grandes agentes políticos sociales y económicos. Esto afecta el desarrollo sostenible debido, fundamentalmente, al reparto del poder político, económico y social. El desarrollo sostenible pretende el equilibrio, en oposición, la globalización –si bien no hay un solo modelo de ella- tiende a generar desequilibrio, al menos en el modelo neoliberal. Se puede afirmar que las consecuencias de la globalización se evidencian en desequilibrios de desarrollo entre naciones y territorios y en los efectos negativas sobre el entorno natural: contaminación, disminución de capa de ozono, calentamiento global, pobreza, analfabetismo, entre otros.
Autores críticos de la globalización expresan que los beneficios económicos de la misma “se confinan a los países desarrollados y a una escasa docena de países en vías de desarrollo” (Dernbach, 2002, citado en Rubio y Akizu, op. cit. p. 192).
En suma, ante los efectos negativos de la globalización debe haber un cambio de paradigma hacia la sustentabilidad por cuanto esta promueve el crecimiento económico protegiendo los recursos naturales y paralelamente priorizando la equidad social.
Estos aspectos son necesarios para revisar el papel jugado por las Cumbres mundiales y los desafíos que estas implican para las organizaciones firmantes de los acuerdos ambientales en el mundo.

Las nuevas tecnologías y el desarrollo sustentable

Puesto que existe una relación directa entre desarrollo económico, industrialización, urbanismo y la tecnología, es lógico afirmar que muchos de los problemas ambientales naturales de escala global son consecuencia del impacto del desarrollo tecnológico. Es innegable el aporte del desarrollo tecnológico al mejoramiento de la calidad de vida, contribuyendo inclusive al alargamiento de la esperanza de vida en grandes gran parte de la población mundial o que el limitado desarrollo de la misma sea un indicador de insatisfacción, de subdesarrollo y pobreza en otros grupos de poblaciones humanas. 
Los efectos negativos y positivos son caras de una misma moneda, cuyo impacto fundamental en uno y otro caso se reparte inequitativamente entre poblaciones e individuos ricos y pobres (Trupia, 2010). Desde luego ambos efectos son consecuencia del modelo de desarrollo consumista y de acumulación de capitales inherente a la economía de mercado. El desarrollo tecnológico, tomado como el conjunto de actividades humanas que investiga, genera y permite poner a disposición de la sociedad nuevos productos, es el pilar fundamental de este modelo en el que culturalmente estamos inmersos y que por ser producto de la historia humana posee una complejidad intrínseca.
Trupia (op. cit.) recuerda que la industrialización es la principal forma de producción de los bienes de consume y arropa todos estratos productivos, incluyendo el primario, la producción de alimentos está determinada por procesos tecnológicos altamente complejos, alejados del simple aprovechamiento de los ciclos naturales, con altas tasas de consumo de otros recursos (combustibles) y la utilización de productos químicos de alta toxicidad. Asimismo, la contaminación generada por la producción de otros bienes de consumo a través de la fabricación, asociada a la eliminación concentrada de efluentes líquidos o gaseosos, residuos sólidos, grandes consumos de combustibles, de recursos naturales y materias primas.
La atención de los modelos de desarrollo están centrándose en la necesidad de generar procesos tecnológicos innovadores enmarcados en la globalización y la informatización estrechamente ligada a las estrategias de Investigación, Desarrollo e Innovación (I+D+i) de los países, que ya se están enmarcando en este nuevo paradigma. La intencionalidad es que muchos de los actuales problemas ambientales podrían resolverse con la aplicación de nuevos desarrollos y nuevos procesos organizacionales, producto de generar y aplicar nuevos conocimientos. La nano y microtecnología, la biotecnología, los nuevos materiales se encuentran dentro de las tecnologías de propósito general que aplicadas junto a tecnologías tradicionales pueden alcanzar verdaderos saltos cualitativos en el desarrollo tecnológico y que también contribuyan a paliar los problemas ambientales (Trupia op. cit.).
Tupia (op. cit.) reflexiona acerca de la necesidad que tenemos como sociedad de un completo sistema de actividades de Investigación + Desarrollo + innovación (I+D+i) pensado desde y para el desarrollo sustentable. Si bien una de las características más sobresalientes de la investigación científico tecnológica es la incertidumbre de sus resultados, pensar en forma adelantada las implicancias ambientales, las derivaciones, los posibles efectos en el mediano y largo plazo permite a la sociedad reflexionar y tomar decisiones sobre el costo que se está dispuesto a enfrentar si ese conocimiento finalmente se plasma en nuevas tecnologías y diseñar mecanismos de prevención o atención de los posibles impactos negativos ambientales y sociales.
No puede dejarse de lado la dimensión cultural. Se requiere fomentar mediante la educación nuevos hábitos de consumo en la población, un consumo más “racional”, de menor presión sobre el ambiente en término de uso de recursos naturales o sus derivados (agua, combustibles, alimentos), generación de residuos y efluentes, etcétera.

Educación ambiental y Educación para el Desarrollo una estrategia para la sostenibilidad

La educación ambiental es una corriente internacional de pensamiento y acción. Su meta es procurar cambios individuales y sociales que provoquen la mejora ambiental y un desarrollo sostenible. También es un proceso que intenta promover las aptitudes y actitudes para la comprensión de la interrelación entre hombre, cultura, y ambiente físico y de este modo incentivar los valores del desarrollo sustentable.
Es evidente la relación entre educación y desarrollo, pues aunque está universalmente reconocido que la educación es un derecho humano fundamental, son los sistemas educativos dominantes los que determinan el tipo de sociedad y de individuo que prevalece y, por con siguiente, el grado, la forma y, sobre todo, la orientación del desarrollo que se pretende lograr. Las metas a perseguir y los métodos para hacerlo están determinados por la estructura ideológica que les sirve de soporte. Por ello, definir la educación está en consonancia con el modelo de ser humano y de sociedad y consecuentemente el producto será el modelo de desarrollo. Es decir, si pretendemos que la educación tenga la doble función social de, por una parte, formar a las nuevas generaciones en un modelo de sostenibilidad integral (solidaridad sincrónica y diacrónica), y, por otra, de contribuir al cambio en los estilos de vida, en los cono cimientos y conductas de la sociedad actual, se necesitará un marco de referencia que fundamente y concrete las propuestas educativas (Vega, Freitas, Álvarez y Fleuri, 2008)
La Educación Ambiental y, más concretamente, la Educación para el Desarrollo Sostenible, la Educación para la Sostenibilidad y la Educación Ambiental e Intercultural para un Desarrollo Sostenible (EADS)   son consecuencia de los acuerdos establecido por la UNESCO (2005) en el “Compromiso para una Educación para la Sostenibilidad y las recomendaciones de la ONU y la UNESCO para la Década de Educación para un Desarrollo Sostenible (2005-2014) (Vega, Freitas, Álvarez y Fleuri, 2008).
El desarrollo local y global debe forjarse en una educación en condiciones de equidad, que incorpore tanto el desarrollo personal como los aspectos ambientales, socioeonómicos y culturales. Vega, Freitas, Álvarez y Fleuri, (2008, p. 29) señalan que si se parte del principio de que la “sostenibilidad comienza por uno mismo, y en nuestro entorno”, y desde una relación con lo global, es conveniente realizar actividades educativas que permitan el desarrollo de capacidades, de compromisos e incentive la disposición a actuar, y mencionan:
a) construir un nuevo modelo basado en los principios de la sostenibilidad;
b) comprender la conexión de los procesos ambientales, sociales, económicos y culturales;
c) conocer la problemática socioambiental local y global “glocal” y sus relaciones;
d) capacitar para analizar los conflictos socioambientales, en el debate de alternativas y en la toma de decisiones, individuales y colectivas;
e) favorecer la extensión de “buenas prácticas sostenibles” en diferentes contextos y culturas.
El diseño y desarrollo de este tipo de actividades coadyuvarían desde la perspectiva de la sostenibilidad y la equidad, hacia modos de vida y actividades económicas que no superen la capacidad de carga de los ecosistemas y no generen desigualdades sociales.

Responsabilidad social y desarrollo sustentable
La responsabilidad social tiene a la organización como su centro de interés y concierne a las responsabilidades de una organización respecto de la sociedad y el medio ambiente. La responsabilidad social está estrechamente ligada al desarrollo sostenible. Como el desarrollo sostenible se refiere a objetivos económicos, sociales y ambientales comunes a todas las personas, se puede utilizar como una forma de resumir las más amplias expectativas de la sociedad que necesitan ser tomadas en cuenta por las organizaciones que buscan actuar responsablemente. Por tanto, el objetivo primordial de una organización socialmente responsable debería ser contribuir al desarrollo sustentable.
El objetivo del desarrollo sustentable consiste en alcanzar la sostenibilidad de la sociedad en su conjunto y del planeta. No concierne a la sostenibilidad o a la viabilidad continua de una organización específica. La sostenibilidad de una organización individual podría ser o no ser compatible con la sostenibilidad de la sociedad en su conjunto, la cual se logra abordando los aspectos sociales, económicos y ambientales de manera integral. El consumo sostenible, el uso sostenible de los recursos y los estilos de vida sostenibles son actividades relevantes para todas las organizaciones y están asociados a la sostenibilidad de la sociedad en su conjunto.
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