Introducción
Desde
mediados del siglo XX se ha hecho más tangible la discusión respecto a los
modelos desarrollo viables para las naciones, de allí que surge el concepto de
desarrollo sustentable en oposición a la concepción estrictamente economicista
e incrementalista con la que se planificaba y medía el desarrollo basado más en
soslayando el impacto del crecimiento económico e industrial sobre el medio
ambiente natural y la calidad de vida de las personas. Desde luego la nueva concepción de desarrollo
sustentable no es per se ambientalista ecologicista, así como tampoco es
estrictamente económico sino que trata de incorporar todas las dimensiones en
la que se desenvuelve el ser humano asumiendo que es un ser biopsicosocial
inmerso en un ambiente natural donde coexiste y convive con otras especies de
igual importancia para el mantenimiento del equilibrio de la naturaleza.
Lo
importante de esto es se produjo una inflexión con la tradición judeo cristiana
heredada principalmente en la cultura occidental en el que se le dio al hombre
el dominio sobre el todos los seres y la Tierra (Génesis 1, 28) y con las
concepciones renacentistas del siglo XVI en el que se considera que la humanidad
es superior a todos los seres y la búsqueda de su bienestar es un precepto
moral, en consecuencia el único entorno natural viable es aquel que esté al
servicio de la humanidad.
Ahora
bien, esta inflexión no se produjo espontáneamente, por el contrario, fue
producto de la apreciación de los daños ocasionados a la naturaleza producto
del desarrollo bajo un enfoque meramente economicista y explotador del ambiente
y del impacto que empezó a evidenciarse en la calidad de vida de las personas
en todo el planeta. El calentamiento global, los efectos de la emisión de
gases, la pérdida de bosques, la capa de ozono, son problemas que a mediados
del siglo XX obligaron a los gobiernos del mundo y a Organizacioes No
Gubernamentales (ONG´s) a enfrentar la realidad humana. Somos una especie más
en el planeta y el equilibrio ecológico depende de todos. Si se quiere un
futuro, el desarrollo tenía que ser sustentable.
En función
de todo lo planteado se pretende en este informe exponer sintéticamente la
evolución del pensamiento ambientalista, se hace una aproximación a la
definición de desarrollo sustentable/sostenible, las dimensiones del desarrollo sostenible y conceptos asociados, tales como,
ambiente y desarrollo; se realiza un breve recorrido sobre las Cumbres de la
Tierra de la Organización de Naciones Unidas (ONU) - Cumbres de Río 92, Johannesburgo
2002 y Copenhague 2009- Asimismo se tocan aspectos vinculantes a las
estrategias de Desarrollo tales como la educación ambiental, organizaciones
ambientalistas, tecnología y desarrollo entre otras.
Desarrollo
Terminología básica vinculante al Desarrollo Sostenible
Terminología básica vinculante al Desarrollo Sostenible
Ambiente, complejidad ambiental y
desarrollo
El ser
humano ha transformado la naturaleza para su adaptación desde su origen, todo
trabajo, todo producto creado conlleva la transformación de la naturaleza para
su adecuación a la sociedad humana sujeto y objeto de la misma diseñando en el
devenir histórico distintas formas de organización, estructuras sociales y
relaciones de producción.
Como
ambiente se comprende el sistema global constituido por elementos naturales
y artificiales de naturaleza física, química,
biológica, sociocultural y de sus interrelaciones, en permanente
modificación por la acción humana o natural que rige o condiciona la
existencia o desarrollo de la vida. Está constituido tanto por
elementos naturales como por los artificiales inclusive aquellas cosas que son
productos del hombre y que lo incluyen. El ambiente está en constante
modificación, positiva o negativa, por la acción del hombre o natural. O sea
que los cambios pueden ser hechos por los humanos o por la naturaleza misma.
En síntesis, el ambiente es todo aquello que nos rodea, que forma parte de
nuestro entorno, ya sea biótico o abiótico, sumado a lo que nosotros mismos
somos y creemos.
Al
considerar el ambiente como un sistema resultante de la interrelación del todo
se asume que el mismo es resultado de las relaciones sociedad-naturaleza en un
devenir histórico. Al considerarse el ambiente o medio ambiente como el todo
resultante en el que un grupo o comunidad humana ha intervenido el entorno
natural a fin de satisfacer sus necesidades físicas, biológicas o culturales
(Martínez, 2014).
Desde luego esta relación está
condicionada por las características geográficas del territorio que se ocupa,
sus potencialidades, limitaciones, tolerancia. En este punto se rescata el
término “sustentable” y su relación con el “crecimiento”. En la ecología humana
se habla de “crecimiento exponencial” de los componentes de un ecosistema. En
este caso si un territorio tiene baja resistencia ambiental se dan las
condiciones para un crecimiento exponencial de la población, esta forma de
crecimiento se caracteriza por duplicarse en intervalos regulares hasta que no
puede crecer más debido a que se agotan los recursos esto es lo denominado “capacidad
de sostenimiento” de un sistema “La capacidad de sostenimiento es la actividad
máxima que puede mantener un sistema sin degradarse en el largo plazo” (Calvente,
2007, p. 2-3), es evidente
la relación de la capacidad de sostenimiento con la acepción de desarrollo sostenible
acuñada en el informe Brundtland, “Our Common Future” publicado en 1987: “el
desarrollo que satisface las necesidades actuales sin comprometer la capacidad
de las futuras generaciones de satisfacer sus propias necesidades” (UNESCO,
2012); y la concepción una
sociedad sustentable definida en Calvente (op. cit.)
…una sociedad en la cual el desarrollo
económico, el bienestar social y la integración están unidos con un
medioambiente de calidad. Esta sociedad tiene la capacidad de satisfacer sus
necesidades actuales sin perjudicar la habilidad de que las generaciones
futuras puedan satisfacer las suya (…) Sustentabilidad es la habilidad de
lograr una prosperidad económica sostenida en el tiempo protegiendo al mismo
tiempo los sistemas naturales del planeta y proveyendo una alta calidad de vida
para las personas (p. 3).
Estas
nociones demuestran la vinculación histórica entre la concepción del ambiente
-fundada en el pensamiento mecanicista dominante-, de la naturaleza y el modelo
de desarrollo en que se fundamenta la sociedad humana.
Lo
interesante es que el desarrollo es un término multidimensional, se imbrica en
la política, la economía -como fenómenos humanos- e impacta en el ambiente
natural-como entorno biofísico- proveedor de recursos, lo que permite aseverar
que cualquier crisis medioambiental, desastre ecológico o afectación al hábitat
natural es producto de un modelo de desarrollo que hasta ahora ha sido
insostenible. Martínez (op. cit.) señala que la complejidad ambiental
permitiría reconocer la propiedades emergentes y la toma de conciencia de las
intro-retrorrelaciones de los sistemas abiertos y además cambiaría o
profundizaría la percepción del mundo –cosmovisión- alejando a las sociedades,
grupos u organizaciones humanas de la visión simplista y reduccionista del
pensamiento mecanicista y se abriría a nuevas ideas o procesos para generar
modelos de desarrollo que comprehendan la complejidad de los sistemas abiertos.
Martínez
(op cit, p. 231) expresa respecto al ambiente y la introducción del paradigma
complejo y de la ciencia de la complejidad lo siguiente: La ciencia de la
complejidad muestra que efectivamente el mundo mecanicista forma parte del
pasado, revelando descubrimiento de comportamientos emergentes que invitan a
pensar en nuevos contextos y en general a percibir el entorno de manera
integral.
En
suma, la contemporaneidad ha permitido comprender la amplitud de la acción
humana y su impacto en la naturaleza, se pasó de una transformación
local a una global con efectos que atañen a todo el planeta. En este marco
surge el interés por nuevos modelos de desarrollo más equilibrados e integrados
a la comprensión del
entorno medioambiental.
El pensamiento ambiental en el Desarrollo Sostenible
Recuérdese que el principio fundamental del Desarrollo sostenible es que
el uso apropiado de los recursos naturales puede satisfacer los intereses
presentes y futuros, en oposición a esto, la lógica de las
organizaciones es economicista, su norte es la obtención del máximo
rendimiento presente, ante lo cual si los recursos naturales dan mayor
beneficio en su explotación que en su cuidado, son sacrificados, en consecuencia
la ganancia económica inmediata es el enemigo presente del medio ambiente
(Buchholz, 1998; Costanza y col., 1999 citado en Vargas, 2007). Desde luego
esta es una concepción de la organización como sistema abierto que es necesario
comprender a fin de aprehender el fenómeno del desarrollo sustentable y como es
asumido en el panorama mundial por las organizaciones.
En tal sentido una organización es un sistema abierta cuyas áreas de
contacto con el exterior inputs son aquellas críticas para la adquisición de
recursos y de información, y sus áreas de contacto con el exterior outputs son
todas aquellas requeridas para sus transacciones de salida. Los inputs son los
procesos internos de transformación, producción, mantenimiento y adaptación en
tanto los outputs son las ventas, lo vinculado a este proceso y las relaciones
públicas. Los inputs y los outputs están en constante interrelación (Hodge y
col., 1998 citado en Vargas, 2007). En suma, para una organización el medio
ambiente es una fuente de inputs del entorno.
El desarrollo sostenible y su modelo de tres ejes incorpora al sistema
la variable ambiental como no como una fuente externa/inputs sino como una
dimensión en equilibrio. La aproximación de las organizaciones a la
sostenibilidad está influenciada por políticas económicas y ambientales
ambiguas, la adopción de tecnologías de producción inadecuadas y con las
prácticas de mercado de una sociedad consumista. La falta de aceptación del
papel de las organizaciones en la sustentabilidad, influye el debate global que
investiga acerca de las causas reales
del deterioro de la naturaleza y del desequilibrio ecológico (Vargas, 2007).
El Desarrollo sostenible nace en la confrontación entre paradigmas
ambientales, los conservacionistas y preservacionistas, Robinson (2003,
citado en Rubio
y Akizu, op. cit.) las explican:
La corriente preservacionista pretende proteger el medio
ambiente y mantenerlo natural, protegiéndolo de la intervención humana.
Consideran la naturaleza un bien supremo independiente de las necesidades
humanas y por lo tanto debe permanecer intacto.
La corriente conservacionista asume que la naturaleza debe
estar al servicio del hombre, es necesaria su defensa y conservación pero solo
con el fin de que sus recursos se mantengan disponibles para futuras
generaciones de los humanos. Esta se ancla en el paradigma antropocéntrico en
la que el ser humano está por encima incluso de la misma naturaleza.
El Informe Brundtland de 1987 refleja sendas corrientes, sin
embargo es notoria la postura antropocéntrica conservacionista que tiñe el
informe y que posteriormente se expone en el primer principio de la Declaración
de Rio de 1992 (Rubio y Akizu, op. cit.): “Los seres humanos constituyen el
centro de las preocupaciones
relacionadas con el desarrollo sostenible. Tienen derecho a una vida saludable
y productiva en armonía con la naturaleza” (p.198).
Este principio implica que toda la cultura (en su acepción antropológica) está
al servicio del hombre.
Evolución de la concepción de
desarrollo
Si bien,
el concepto de desarrollo ligado a los procesos de cambio económico no es de
larga data. El desarrollo entendido como transformación y cambio es inherente a
la historia humana.
El desarrollo como proyecto fue formulado
inicialmente en Estados Unidos y Europa durante los años posteriores a la
Segunda Guerra Mundial. Se partía del hecho de que todo el mundo puede y debe
llegar al mismo nivel con la simple implementación de políticas científicas,
económicas y sociales (Eschenhagen, 2001, p. 112 citado en Gracia-Rojas, 2015).
En realidad se pretendía que el desarrollo como política y proyecto fuera un
recetario que países del tercer mundo deberían seguir para alcanzarlo, era una
concepción imbricada en la filosofía del evolucionismo, de allí que para esta
época se acuñaran nociones tales como “países desarrollados y en vías de
desarrollo.
Desde luego estos llamados países desarrollados
que se habían consolidado política y económicamente durante la postguerra se transformaron en potencias
industrializadas cuyo modelo de desarrollo se sustentaba en la transformación de
materia prima, ciertamente esto indujo grandes avances tecnológico que demandaba la industrialización y que
impactó en los hábitos de consumo de estas sociedades, generándose un ciclo de
extracción, transformación, producción, consumo y demanda que definió y define
el modelo económico de las grandes potencias mundiales, que determina transformaciones más profundas
sobre el ambiente, tanto en cantidad como en calidad.
Foladori y Tommasino (2000 p. 42) acotan que los
efectos de este modelo de desarrollo produjo consecuencias negativas para todo
el planeta - calentamiento global, disminución de la capa de ozono, la pérdida
de la biodiversidad- y en consonancia en los países desarrollados incorporan en
su agenda política y económica la preocupación por el medio ambiente natural y
el equilibrio ecológico así como el tema de la equidad social. Estos autores
relatan que en la década de 1970 las corrientes ambientalistas se introducen en
la discusión política y
corriente fue la base del Informe Meadows para el Club de Roma Los límites del
crecimiento (1971) en donde se señalaba la capacidad de nuestro planeta para
soportar la continua expansión económica del ser humano. Este fue el inicio de
los debates sobre ambiente y desarrollo en la agenda política mundial.
Las
medidas propuestas en el Informe Meadows se centraron en la reducción de la
producción industrial, la reorientación de las actividades humanas hacia los
servicios educativos y sanitarios, la mejora en la producción de alimentos
básicos y el fomento de una política de reciclado de los residuos.
(Gracia-Rojas, op. cit.). Posteriormente en 1972, se celebró en Estocolmo la
conferencia de las Naciones Unidades sobre medio humano y se creó el Programa
de las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente (PNUMA), esta sostuvo una posición
contraria a la corriente catastrofista y planteó que los problemas ambientales
y de desarrollo eran compatibles y debía buscarse una posición común. En esta
se proclama “el derecho de los seres humanos a un medio ambiente sano y el
deber de protegerlo y mejorarlo para las futuras generaciones”.
Como
producto inmediato de la conferencia se crea el UNEP (Programa de Naciones
Unidas para el Medio Ambiente), y la WCED (Comisión Mundial para el Medio
Ambiente y el Desarrollo) que emitirá posteriormente su informe
sobre el medio ambiente y
el mundo en 1987, mejor conocido como el Informe Brundtland, “el espíritu
general de la declaración partía de la base de que con tecnologías limpias en
los países desarrollados; y transferencia de recursos financieros y técnicos
para el Tercer Mundo, junto a políticas de control de la población, podían
solucionarse los problemas. Se vislumbraron contradicciones entre los países
ricos que pretendían controlar la producción y la explosión demográfica y los
pobres que veían la necesidad del desarrollo” (Foladori y Tommasino, op. cit. p.
44).
En el
Informe Brundtland, denominado Our Common Future, se utiliza por primera vez el
término desarrollo sostenible, como “aquel que responde a las necesidades del
presente de forma igualitaria pero sin comprometer las posibilidades de
sobrevivencia y prosperidad de las generaciones futuras”; y agrega que este es
un nuevo modelo “La sostenibilidad es un paradigma para pensar
en un futuro en el cual las consideraciones ambientales, sociales y económicas
se equilibran en la búsqueda del desarrollo y de una mejor calidad de vida.
Estos tres ámbitos –la sociedad, el medio ambiente y la economía– están
entrelazados” (UNESCO, 2012).
Es evidente que el informe establece la preponderancia de la
dimensión social estableciendo la estrecha relación de lo económico a lo social
y lo ambiental: “explica que el deterioro de uno de estos aspectos implica
necesariamente el deterioro de los otros” (Bruni, 2000, p. 77, citado en
Fuenmayor y Paz, 2006). Asimismo indica dos aspectos
fundamentales que redefinen el desarrollo: 1) Las necesidades de los países más
pobres, las cuales tienen prioridad y 2) Los criterios de desarrollo económico
aplicados por cualquier país deben ser compatibles con la sostenibilidad
ambiental (Climent, 1999, 46
citado en Fuenmayor y Paz, op. cit. P.
424).
De
Vicentis (2009) destaca que en realidad no se habla del
concepto de medio ambiente como tal, sino que se refiere al bienestar, y la
calidad del medio ambiente, destacando así el principio ético principal
entendido como responsabilidad por parte las generaciones de hoy hacia las
generaciones futuras, y evidenciando los dos aspectos de la sostenibilidad
ambiental: el mantenimiento de los recursos y el equilibrio ambiental de
nuestro planeta.
En el mismo
documento se hace hincapié en la protección de las necesidades de todos los
individuos, con el fin de legitimidad universal para aspirar a mejores
condiciones de vida, así como subrayar la necesidad y la importancia de una
mayor participación de los ciudadanos, para implementar un proceso, de hecho
aumenta las posibilidades democráticas en el ámbito internacional. En este
punto histórico es cuando más se imbrican los términos ambiente, sociedad y
desarrollo, y es un punto de inflexión respecto a la concepción del ambiente y
la naturaleza y su vinculación con el avance progresivo de la humanidad,
fundada en valores de equidad, corresponsabilidad y la justicia social.
Respecto a
la sostenibilidad del desarrollo Utria (2002) lo define:
Como
la capacidad del proceso de desarrollo de la sociedad para mantener en el
espacio social, económico y político, así como en el tiempo su
dinámica de progreso y sus beneficios, en forma estable, autogenerada y a plazo
indefinido, no sólo en función de las generaciones del presente sino también de
las del futuro. Todo ello frente a las nuevas y siempre cambiantes
circunstancias históricas que toda sociedad tiene que confrontar, y en la doble
perspectiva de la supervivencia de la humanidad y de la garantía de un hábitat digno
y una elevada calidad de vida. Se trata, pues, de la garantía de que la
sociedad pueda proyectarse históricamente en forma estable y segura hacia el
futuro. Así, la estabilidad y la continuidad involucradas en la sostenibilidad
constituyen nuevos y supremos desafíos y objetivos del desarrollo (p. 141).
La idea de desarrollo sostenible parte del supuesto
de que puede haber desarrollo (mejora cualitativa y de potencialidades) sin
crecimiento, sin incremento cuantitativo de la escala física, sin la incorporación
de mayor cantidad de energía y materiales. No es el desarrollo sino el
crecimiento indefinido lo opuesto a un mundo finito. El cambio de modelo es
para toda la humanidad, tanto para quienes viven en pobreza –la mayoría- como
para quienes viven confortablemente en grandes centros urbanos. Este cambio
hacia el desarrollo requerirá de estrategias adecuada para su orientación y del
compromiso de naciones (Macedo, 2005)
El desarrollo sostenible se puede explicar a través de los
factores económicos, ambientales y sociales. Lograr un desarrollo sostenible
responde al logro del equilibrio de esta trilogía “sobre cada pedazo de
territorio que hay en la tierra y un equilibrio producto de la negociación
entre los encargados de administrar dichos territorios...” (Dourojeanni, 1999,
p. 8 citado en Fuenmayor y Paz, 2006, p. 424) Son distintas las posturas
respecto al desarrollo entre los países desarrollados y aquellos llamados
Subdesarrollados, en vías de desarrollo o del tercer mundo, es evidente que las
necesidades sociales y las demandas de la población son distintas.
Las
Dimensiones del Desarrollo Sostenible
Las dimensiones del desarrollo sostenible deben apreciarse de forma
articulada e interrelacionadas.
Dimensión ecológica o ambiental: persigue que el
desarrollo sea compatible con el mantenimiento de los procesos ecológicos, la
diversidad biológica y la base de los recursos naturales, en tal sentido es la capacidad
de mantener la calidad y la reproducibilidad de los recursos naturales. Plantea
límites a las actividades humanas, lo cual implica que está condicionada por la
provisión de recursos naturales y de servicios ambientales de un espacio
geográfico.
Para una mayor comprensión de esta dimensión se resumirán unos conceptos
básicos que tomados de Duran (2010) ayudan a comprender como se calcula la
capacidad o límite de recursos de un territorio. La capacidad de carga es el
máximo número de personas que pueden ser soportadas por los recursos de un
territorio y se define normalmente en relación a la máxima población sustentable, al mínimo
nivel de vida imprescindible para la supervivencia. El concepto de capacidad de
carga permite evaluar los límites máximos del crecimiento de la población según
diversos niveles tecnológicos.
La capacidad de carga puede tener también varios significados. Cuando se
trata de recursos renovables se refiere al rendimiento máximo que se puede
obtener indefinidamente sin poner en peligro el capital futuro de cada recurso.
Para el caso de los recursos naturales renovables, la tasa de utilización
debiera ser equivalente a la tasa de recomposición del recurso. Para los
recursos naturales no renovables, la tasa de utilización debe equivaler a la
tasa de sustitución del recurso en el proceso productivo, por el período de
tiempo previsto para su agotamiento (medido por las reservas actuales y por la
tasa de utilización). Si se toma en cuenta que su propio carácter de “no
renovable” impide un uso indefinidamente sustentable, hay que
limitar el ritmo de utilización del recurso al período estimado para la
aparición de nuevos sustitutos. Guimarães (1998, citado en Duran, 2010)
sostiene que esto requiere, entre otros aspectos, que las inversiones
realizadas para la explotación de recursos naturales no renovables, a fin de
resultar sustentables, deben ser proporcionales a las inversiones asignadas
para la búsqueda de sustitutos, en particular las inversiones en ciencia y
tecnología.
Dimensión
social: este
eje busca fortalecer la identidad
de las comunidades y a lograr el equilibrio demográfico y la erradicación de la
pobreza. Para
ello debe desarrollarse la capacidades que garanticen las condiciones para el
bienestar humano: seguridad, salud, educación), vivienda adecuadas, la libertad
de expresión y la identidad política y cultural.
Duran
(op. cit.) expresa que hay relación
entre los estilos de desarrollo de las sociedades desarrolladas y
subdesarrolladas. Mientras en las primeras el sobreconsumo provoca
insustentabilidad, en las segundas es la pobreza la causa primaria de la
subutilización de los recursos naturales y de insatisfacción de necesidades
básicas.
Citando a Guimarães (en
Duran, op. cit.) indica que esta dimensión requiere promover un nuevo estilo de desarrollo que
favorezca el acceso y uso de los recursos naturales y la preservación de la
biodiversidad y así como una sustentabilidad social que favorezca la reducción
de la pobreza y de las desigualdades sociales y promueva la justicia y la
equidad; sistema de valores, prácticas y símbolos de identidad cultural e
integración nacional, que sea políticamente sustentable al profundizar la
democracia y la participación en la toma de decisiones públicas. Se evidencia
en estas apreciaciones de Guimarães que la dimensión aludida se relaciona
estrechamente, además, con los aspectos culturales y políticos de las
sociedades (párr. 20).
Dimensión económica: se
concibe como la capacidad de generar ingresos y empleo para el sustento de la
población. Así como el diseño de políticas económicas que conlleven a la
distribución equitativa de cargas y beneficios en el tiempo y el espacio. Esta
dimensión abre el debate respecto a la factibilidad de un modelo sustentable en una
economía de mercado. Duran (op. cit.) acota que se requeriría un modelo económico sostenible desde
el punto de vista ambiental y este sería aquél que se adecua a los ciclos
biogeoquímicos de la materia, y le permite así perpetuarse en el tiempo. Desde luego que existen acuerdos y normas
promueven influir en la mejora ambiental, pero en general son de
adscripción voluntaria. El modelo económico actual basado en la obtención de la
plusvalía conlleva a la explotación insustentable de recursos, lo cual llama a
la reflexión.
De Vincentis (op. cit.)
explica que el año 2010, Ciudades y Gobiernos Locales
Unidos (CGLU), la asociación de ayuntamientos más grande del mundo, fundada en
mayo de 2004 para defender la democracia y la autonomía local, en su
declaración establece que: “la misión de la Comisión de cultura de CGLU para
2011-2013 es promover la cultura como el cuarto pilar del desarrollo sostenible
a través de la difusión internacional y la implementación local de la Agenda 21
de la cultura”. Al respecto Duran señala que nuevos modelos de desarrollo solo
serán posibles a través de un cambio en el
modelo de civilización hoy dominante, particularmente en lo que se refiere a
los patrones culturales de relación sociedad-naturaleza. Explica que la
principal causa de la insustentabilidad se fundamenta en la dimensión cultural,
o sea en la cosmovisión que posee la cultura occidental respecto a su entorno natural
como fuente inagotable al servicio del hombre. Por otro lado, la
sustentabilidad no sólo debería promover la productividad de la base de los
recursos y la integridad de los sistemas ecológicos, sino también los patrones
culturales y la diversidad cultural de los pueblos (Duran, op. cit.).
La Dimensión Geográfica:
El "Informe sobre los Recursos Mundiales - 1992", elaborado por el Programa
de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD por sus siglas en Inglés),
enfoca el desarrollo sustentable como un proceso que requiere un progreso
simultáneo global en las diversas dimensiones: económica, humana, ambiental y
tecnológica. Como se ve, inicialmente se soslayaba la dimensión geográfica en
su significado específicamente territorial, pues el ambiental está naturalmente
explicitado. Las dimensión geográfica –también denominada territorial-, de la sostenibilidad
constituye uno de los principales desafíos de las políticas públicas
contemporáneas –de ordenamiento y planificación ambiental-, que requiere
territorializar la sostenibilidad ambiental y social del desarrollo y, a la
vez, sustentabilizar el desarrollo de las regiones, es decir, garantizar que
las actividades productivas de las distintas economías regionales promuevan la
calidad de vida de la población y protejan el patrimonio natural para
resguardarlos para las generaciones venideras.
La dimensión geográfica
de la sustentabilidad implica el progreso armónico de los distintos sistemas
espaciales/ambientales, atenuando las disparidades y disfuncionalidades del
territorio, además de promover sus potencialidades y limitar las
vulnerabilidades. La dimensión territorial en la acción y gestión de gobierno
constituye una visión globalizadora del desarrollo, un corte horizontal en la
integración de los diferentes sectores y niveles gubernamentales (Guimarães,
citado en Duran, op. cit.).
Las
organizaciones ambientalistas y su rol en el Desarrollo Sostenible
Las instituciones ambientales en el
mundo y en Venezuela
Las
organizaciones ambientales son instituciones que buscan estudiar, monitorear o
proteger el medio ambiente del mal uso o la degradación que implica el accionar
humano. La actividades de estas entidades pueden ir desde realizar campañas
informativas sobre temas ecológicos hasta invertir cientos de millones de
dólares para apoyar la consecución de proyectos económicos sustentables. Las
principales áreas en las que trabajan estas organizaciones son: contaminación
atmosférica, disposición de residuos, nuevas energías, desarrollo económico
sustentable, calentamiento global, especies en vía de extinción, consumismo y
el agotamiento de recursos naturales. A continuación se presenta la información
obtenida del portal web desarrollo sustentable, el cual muestra un listado de
las organizaciones internacionales más conocidas en el área ambiental:
World
Wildlife Fund (WWF) es una ONG que trabaja en temas relacionados con la
conservación, investigación y restauración del medio ambiente. Es la
organización de conservación más grande del mundo con más de 5 millones de
voluntarios trabajando en 100 países.
Greenpeace,
fundada en 1971 en Vancouver, Canadá, es una ONG presente en más de 40 países y
cuyo objetivo es el de "Garantizar la capacidad de la tierra para nutrir
la vida en toda su diversidad". Centra sus esfuerzos en campañas sobre
asuntos tales como el calentamiento global, la deforestación, la sobre pesca,
la caza de ballenas e ingeniería genética.
World
Nature Organization (WNO) es una organización intergubernamental, muy joven
(inicio sus operaciones en el 2012), que promueve la protección del medio
ambiente. Principalmente se dedica promover nuevas tecnologías limpias,
actividades económicas y energías renovables que son amigables con el entorno.
Esta entidad es uno de los principales resultados de las negociaciones
multilaterales de la ONU sobre el medio ambiente, básicamente su papel es
convertir las declaraciones sobre protección de medio ambiente que surgen de la
ONU en acciones realizables.
Friends of
the Earth es una organización ambiental con más de 2 millones de activistas en
74 países que busca cambiar la percepción y concientizar a la opinión pública,
medios de comunicación y políticos sobre distintos temas ambientales, el
desarrollo sustentable, la pobreza entre otros.
Global
Environment Facility busca crear asociaciones entre los países e
instituciones internacionales, organizaciones civiles y el sector privado para
abordar los problemas ambientales a nivel mundial a la vez que apoya
iniciativas de desarrollo sostenible. También ofrece donaciones a proyectos
relacionados con la biodiversidad, cambio climático, degradación de la tierra,
capa de ozono, disposición de desechos etc. Desde de 1991 ha proporcionado más
de US$11.500 millones en donaciones y ha movilizado más de US57.000 millones en
cofinanciamiento para más de 3120 proyectos en 165 países.
Earth
Action creada en 1992 en la cumbre de la tierra en Rio de Janeiro, es una
red de acción con más de 2600 organizaciones en 165 países. Ésta ha llevado a cabo
más de 84 campañas con el objetivo de informar e inspirar a la gente de todo el
mundo a dirigir su preocupación, pasión e indignación a acciones significativas
para lograr un mundo más justo, pacífico y sostenible.
Cool
Earth es una organización ambiental que desde el 2007 busca proteger las
selvas tropicales más amenazadas del mundo, para ésto trabaja con comunidades
indígenas buscando frenar el avance de la tala ilegal. Cada año más emisiones
de C02 son ocasionadas por la deforestación que las que producidas por Estados
Unidos, así combatir la destrucción de las selvas se convierte en la mejor
oportunidad para frenar el cambio climático.
Con más de
750.000 miembros en todo el mundo la ONG Environmenal Defense Fund trabaja en
solucionar los problemas más críticos que enfrenta el planeta, especialmente de
la biosfera: clima, océanos, ecosistemas y salud de la mano de otras
organizaciones, gobiernos, compañías y las mismas comunidades con las cuales ha
logrado grandes innovaciones en el trabajo de proteger medio ambiente.
The
Climate Reality Projec es una organización fundada por el Nobel de la Paz Al
Gore, que impulsa un movimiento mundial para la acción contra el cambio
climático. Busca crear presión sobre líderes mundiales para que actúen para
resolver la crisis climática. Ha realizado iniciativas como The Cost of
Carbon y 24 Hours of Reality.
Organizaciones ambientales en Venezuela
Según el
portal web redesambientales.com las organizaciones ambientalistas en Venezuela
están representadas por la Sociedad Venezolana de Ciencias Naturales, la
Sociedad de Ciencias Naturales La Salle, la Fundación Phelps y la Fundación La
Salle de Ciencias Naturales, trabajaron por el conocimiento e inventario de la
fauna y la flora del país. Hasta el presente, las ONG junto con las
universidades son quienes más han aportado en la investigación en diversidad
biológica en el país.
A nivel de
conservación de especies, las ONG ambientales han sido las promotoras y
ejecutoras de programas de conservación de las principales especies amenazadas
en el país, y dichos proyectos han sido la base para la elaboración de Planes
de Acción de algunas especies o grupos.
El trabajo
de muchas ONG ambientales venezolanas está directa o indirectamente vinculado a
aspectos de conservación de parques nacionales y otras áreas protegidas.
Además, estas organizaciones han sido promotoras de las creación de los Parques
Nacionales Archipiélago Los Roques, Turuepano y Dinira, el Santuario Fauna
Silvestre Cuevas de Paraguaná, el Refugio de Fauna Silvestre Isla de Aves.
Adicionalmente, por la gestión de varias ONG se impulsó la incorporación como
sitios Ramsar a los Olivitos, los Roques, la Laguna de Tacarigua y la de La
Restinga, así como la declaración del Monumento Natural de los Tepuyes.
En la última década, muchas ONG ambientales
han desarrollado programas y proyectos bajo los lineamientos del desarrollo
sustentable, por lo que su acción se enfoca en promover una mejor calidad de
vida. En dichas iniciativas la educación ambiental y la participación comunitaria
han sido herramientas fundamentales para la acción. Organizaciones como
Bioparques, Acoana, Fundación Tierra Viva, Vitalis, la Sociedad Ecológica
Conservacionista de Aragua, FUDENA, Fundación La Tortuga, Provita, FUDECI,
Fundación Aguaclara y el Programa Andes Tropicales, entre otros, son ejemplos
de este tipo de organización.
Un
importante número estas ONG forman parte de la Red de Organizaciones
Ambientales No Gubernamentales de Venezuela (Red ARA), una asociación creada en
1991, y cuya reactivación empezó en 2009 luego de 7 años de poca actividad. La
mayor fuente de financiamiento de los proyectos ha provenido de organismos de
cooperación internacional (Unión Europea, embajadas, Fondo Mundial del Medio
Ambiente, Banco Mundial, etc.), empresas privadas y organizaciones privadas sin
fines de lucro nacionales y extranjeras.
Por
múltiples razones, tanto internacionales como locales, las posibilidades de
financiamiento para el sector se han visto afectadas y reducidas de manera
significativa. Revertir esta situación constituye parte de los retos que a
corto y mediano plazo tienen las ONG ambientales de Venezuela.
Las Cumbres de Río 92,
Johannesburgo 2002 y Copenhague 2009
En 1992 se realizó en Rio de Janeiro, la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el
Medio Ambiente y Desarrollo (CNUMAD), mejor conocida como la Cumbre de la
Tierra; con el objetivo de diseñar estrategias y medidas tendientes a detener y
revertir la degradación ambiental, y promover el desarrollo sustentable
respecto al medio ambiente. En el marco de esta cumbre se hicieron una serie de
declaraciones entre las que se mencionan:
·
La convención sobre cambio climático; una
recomendación para estabilizar las emisiones de CO2 para el año 2000 a niveles
de 1990.
Esta se considera una Declaración sin
compromiso debido principalmente a que
los Estados Unidos no estuvieron dispuestos a reestructurar su parque
industrial ni de reducir su consumo energético, así mismo, los países árabes no
se comprometieron con la disminución de la producción petrolera.
·
La convención sobre la biodiversidad; que
reconoció la soberanía de cada país respecto de su patrimonio biogenético.
Tampoco suscrita por los Estados Unidos mediada
por intereses de las grandes empresas farmacéuticas.
·
La declaración de principios sobre el manejo,
la conservación y desarrollo sustentable de todos los bosques.
Esta declaración fue un intento de frenar la
tala de bosques y posteriormente se incorpora en la Agenda 21 como un plan de
acción que alcanzaría el siglo XXI, lo interesante es que destacan 31 puntos
esenciales y además, resuelve que el Banco Mundial sea el organismo encargado
de orientar los fondos (Guimarães, 1992 citado en La Vina, Hoff, y DeRose, 2002).
Cabe señalar que la responsabilidad de reducir
el impacto ambiental según los acuerdos de Rio era diferenciada, distinguía
entre los países desarrollados y aquellos en vías de desarrollo según su pasado
contaminador. Es evidente que solo fue un compendio de buenas intenciones dado
a los compromisos de los gobiernos de países desarrollados con las grandes
corporaciones representantes de economías globalizadas.
En el 2002
se celebró la Conferencia de Naciones
Unidas sobre Desarrollo Sostenible, en Johannesburgo. El propósito era
llamar la atención y actuar sobre la mejora de la calidad de vida de los
ciudadanos y la conservación de los recursos naturales bajo la premisa de que
la población mundial está en continuo crecimiento y demanda alimentos, agua,
vivienda, saneamiento, energía, servicios sanitarios y seguridad económica. Su
producto fue la Declaración
de Johannesburgo sobre desarrollo sustentable donde se retomaron los puntos
tratados en la cumbre de Rio, la intención fue demostrar que la pobreza
puede erradicarse a través del desarrollo sustentable.
Los éxitos
de la cumbre oficial incluyen decisiones sobre una meta de saneamiento, el
reconocimiento de los derechos y roles de las comunidades en la gestión de
recursos naturales, el fomento a una mayor responsabilidad y rendición de
cuentas empresariales, la reafirmación del principio de acceso, la
incorporación de principios éticos a la ejecución del Programa 21, la
aceptación de la necesidad de desvincular el crecimiento económico de la
degradación ambiental, y el lanzamiento de iniciativas y asociaciones claves
para el desarrollo sostenible (La Vina, Hoff, y DeRose, 2002).
Por otro lado, se puede afirmar que la Cumbre
de Johannesburgo esperaba salvar la brecha que separa propuestas de la
ejecución práctica de medidas concretas, sin embargo, no se hicieron avances
significativos, los gobiernos concluyeron débilmente ratificando los esfuerzos
y enfoques existentes, los cuales han sido considerados insuficientes (La Vina,
Hoff, y DeRose, op. cit.)
Para el
año 2009 se realiza la XV Convención de la
ONU sobre Cambio Climático” (o conferencia de las partes, COP15 por su siglas
inglesas “Conferences of the Parties”), en Copenhague, tenía como
pretensión llegar a un acuerdo internacional para hacer frente al calentamiento
global a partir de 2012, y reemplazar así el Protocolo de Kyoto por un nuevo
tratado vinculante con compromisos y objetivos concretos, conducente a revertir
el aumento de la temperatura del planeta.
Sin
embargo, de hecho, la Conferencia sobre el cambio climático de Copenhague, a
pesar de todos los esfuerzos para llegar a la elaboración de un documento
compartido por todas las naciones ha fracasado en el intento de crear un nuevo
pacto internacional que tomase el relevo del Protocolo de Kyoto. Esta
compromiso incluía la reducción de emisiones de Gases de Efecto invernadero
(GEI principales:
dióxido de carbono (CO2), metano (CH4) y óxido nitroso (N2O), además de tres
gases industriales. la concentración de estos gases crea el efecto
invernadero en la atmósfera, constituyendo un factor directo en el aumento de
la temperatura global del planeta y preparar los futuros objetivos para
reemplazarlos por los actuales objetivos del Protocolo de Kyoto que se vencen
en 2012. Recordemos que el
Protocolo de Kyoto sobre el cambio climático es un acuerdo
internacional y jurídicamente “vinculante” y “vigente”, que tiene por objetivo
para los países industrializados, reducir las emisiones de Gases efecto
invernadero (GEI), en un porcentaje aproximado de al menos un 5% (es un valor
promedio, cada país tiene sus propios porcentajes de
reducción), comparando las emisiones de cada país en el año 2012, respecto
del año 1990. El objetivo
final a largo plazo que se pretendía en ésta COP15 era la
reducción mundial de las emisiones de CO2 en al menos un 50% en 2050, respecto a
1990, y para conseguirlo obligaba a los países a marcarse objetivos intermedios
(Fundación Enlaces, 2010).
La
respuesta “del sistema” entonces fue crear el “mercado
de los bonos del carbono”, que permite cumplir Kyoto comprando derechos de emisión,
en cualquier lugar (con un mecanismo muy sofisticado por cierto). Esta es la
manera de evitar la multa que conlleva el exceso de emisión de
GEIs. Es un hecho fáctico, que para el año 2010, y lejos de estar
reduciéndose, las emisiones globales siguen aumentando, aunque a “un ritmo menor” (Fundación
Enlaces, 2010).
García
Acuña (2010) explique que de los 194 países que constituyen
la Convención Marco de la ONU sobre Cambio Climático, únicamente 55 naciones,
contando los 27 países de la UE, han presentado en el plazo de tiempo acordado
por la Cumbre de Copenhague, antes del 1 de febrero de 2010, las medidas
voluntarias de mitigación de emisiones de gases de efecto invernadero. Algunos
de esos compromisos nacionales son poco ambiciosos, así los presentados por
países altamente industrializados como EEUU y las naciones de la UE, y otros
planes de reducción que tienen mayor calado (ejemplo: los de Brasil y México)
dependen para su ejecución efectiva del apoyo financiero y tecnológico de los
países desarrollados, una ayuda que ha quedado muy en el aire y con bajo perfil
en el acuerdo de Copenhague. Por su parte, China y la India, que como miembros
del llamado Grupo BASIC tuvieron gran influjo y peso en la redacción del acuerdo
final de Copenhague, enviaron sus planes de mitigación de emisiones para 2020,
pero no se adhirieron al Acuerdo
La
decepción de la Conferencia de Copenhague ha sido todavía mayor para los
pueblos que son más vulnerables al deterioro medioambiental vinculado al cambio
climático (desertificación, crisis hídrica y alimentaria, emigración por
sequía, etc.), esto es, aquellos grupos humanos que viven en una pobreza
extrema como verdaderos desheredados de la tierra; porque, con relación a
ellos, las naciones ricas participantes en la Conferencia de Copenhague no han
hecho más que expresar la vaga propuesta de proporcionarles recursos
financieros y tecnología, concretando cantidades monetarias globales sólo
respecto de la compensación con transferencias financieras a los países más
depauperados por la deuda contraída con ellos por el uso excesivo de los
recursos energéticos del Planeta, pero moviéndose también aquí en el plano no
vinculante de las “buenas intenciones”. De ahí que países como Nicaragua, Bolivia,
Sudán, Venezuela y Cuba, entre otras naciones, no hayan firmado el documento
final de Copenhague.
Estrategias de
desarrollo sustentable
Consideraciones acerca del rol de la
Globalización en el desarrollo sustentable
Rubio y Akizu (2005) la globalización inició con las influencias en
ámbito financiero expandiéndose hacia la economía y la información, ya siendo
un fenómeno ambiental, político y cultural. La globalización es un proceso
avasallante tal como el desarrollo sostenible, no obstante, esta última lo es
por necesidad y consenso entre organismos internacionales, agentes económicos y
sociales de nivel global, regional o local. Por otro lado, la globalización no
es un fenómeno malo por sí mismo sino porque es una consecuencia de los modelos
económicos neoliberales- es decir, según Rubio y Akizu, la globalización viene
asociada a un objetivo económico de producción y acumulación de capital en
tanto que el desarrollo sostenible es un proceso con fines multidimensionales
que puede ser impactado por la globalización.
La principal característica de la globalización que afectan,
eventualmente, los objetivos del desarrollo sostenible y que se revisará en el
punto siguiente relativo a las Cumbres mundiales es el carácter desigual de los
actores que genera un desequilibrio a los habitantes del planeta en distintas
geografías. Rubio y Akizu (op. cit.) explican que los principales agentes tales
como gobiernos de países desarrollados o empresas multinacionales terminan
imponiendo sus intereses sobre aquellos menos poderosos. Se hace realidad lo
que puede influir en estas economías, mientras se delega o niega aquello que es
irrelevante para los grandes agentes políticos sociales y económicos. Esto
afecta el desarrollo sostenible debido, fundamentalmente, al reparto del poder
político, económico y social. El desarrollo sostenible pretende el equilibrio,
en oposición, la globalización –si bien no hay un solo modelo de ella- tiende a
generar desequilibrio, al menos en el modelo neoliberal. Se puede afirmar que
las consecuencias de la globalización se evidencian en desequilibrios de
desarrollo entre naciones y territorios y en los efectos negativas sobre el
entorno natural: contaminación, disminución de capa de ozono, calentamiento
global, pobreza, analfabetismo, entre otros.
Autores críticos de la globalización expresan que los beneficios
económicos de la misma “se confinan a los países desarrollados y a una escasa
docena de países en vías de desarrollo” (Dernbach, 2002, citado en Rubio y
Akizu, op. cit. p. 192).
En suma, ante los efectos negativos de la globalización debe haber un
cambio de paradigma hacia la sustentabilidad por cuanto esta promueve el
crecimiento económico protegiendo los recursos naturales y paralelamente
priorizando la equidad social.
Estos aspectos son necesarios para revisar el papel jugado por las
Cumbres mundiales y los desafíos que estas implican para las
organizaciones firmantes de los acuerdos ambientales en el mundo.
Las nuevas tecnologías y el desarrollo
sustentable
Puesto que
existe una relación directa entre desarrollo económico, industrialización,
urbanismo y la tecnología, es lógico afirmar que muchos de los problemas
ambientales naturales de escala global son consecuencia del impacto del
desarrollo tecnológico. Es innegable el aporte del desarrollo tecnológico al
mejoramiento de la calidad de vida, contribuyendo inclusive al alargamiento de
la esperanza de vida en grandes gran parte de la población mundial o que el
limitado desarrollo de la misma sea un indicador de insatisfacción, de
subdesarrollo y pobreza en otros grupos de poblaciones humanas.
Los
efectos negativos y positivos son caras de una misma moneda, cuyo impacto
fundamental en uno y otro caso se reparte inequitativamente entre poblaciones e
individuos ricos y pobres (Trupia, 2010). Desde luego ambos efectos son
consecuencia del modelo de desarrollo consumista y de acumulación de capitales
inherente a la economía de mercado. El desarrollo tecnológico, tomado como el
conjunto de actividades humanas que investiga, genera y permite poner a
disposición de la sociedad nuevos productos, es el pilar fundamental de este
modelo en el que culturalmente estamos inmersos y que por ser producto de la
historia humana posee una complejidad intrínseca.
Trupia (op.
cit.) recuerda que la
industrialización es la principal forma de producción de los bienes de consume y
arropa todos estratos productivos, incluyendo el primario, la producción de
alimentos está determinada por procesos tecnológicos altamente complejos,
alejados del simple aprovechamiento de los ciclos naturales, con altas tasas de
consumo de otros recursos (combustibles) y la utilización de productos químicos
de alta toxicidad. Asimismo, la contaminación generada por la producción de
otros bienes de consumo a través de la fabricación, asociada a la eliminación
concentrada de efluentes líquidos o gaseosos, residuos sólidos, grandes
consumos de combustibles, de recursos naturales y materias primas.
La
atención de los modelos de desarrollo están centrándose en la necesidad de
generar procesos tecnológicos innovadores enmarcados en la globalización y la informatización
estrechamente ligada a las estrategias de Investigación, Desarrollo e
Innovación (I+D+i) de los países, que ya se están enmarcando en este nuevo
paradigma. La intencionalidad es que muchos de los actuales problemas
ambientales podrían resolverse con la aplicación de nuevos desarrollos y nuevos
procesos organizacionales, producto de generar y aplicar nuevos conocimientos.
La nano y microtecnología, la biotecnología, los nuevos materiales se
encuentran dentro de las tecnologías de propósito general que aplicadas junto a
tecnologías tradicionales pueden alcanzar verdaderos saltos cualitativos en el
desarrollo tecnológico y que también contribuyan a paliar los problemas
ambientales (Trupia op.
cit.).
Tupia (op.
cit.) reflexiona acerca de la necesidad que tenemos como sociedad de un completo
sistema de actividades de Investigación + Desarrollo + innovación (I+D+i)
pensado desde y para el desarrollo sustentable. Si bien una de las
características más sobresalientes de la investigación científico tecnológica
es la incertidumbre de sus resultados, pensar en forma adelantada las
implicancias ambientales, las derivaciones, los posibles efectos en el mediano
y largo plazo permite a la sociedad reflexionar y tomar decisiones sobre el
costo que se está dispuesto a enfrentar si ese conocimiento finalmente se
plasma en nuevas tecnologías y diseñar mecanismos de prevención o atención de
los posibles impactos negativos ambientales y sociales.
No
puede dejarse de lado la dimensión cultural. Se requiere fomentar mediante la
educación nuevos hábitos de consumo en la población, un consumo más “racional”,
de menor presión sobre el ambiente en término de uso de recursos naturales o
sus derivados (agua, combustibles, alimentos), generación de residuos y
efluentes, etcétera.
Educación
ambiental y Educación para el Desarrollo una estrategia para la sostenibilidad
La
educación ambiental es una corriente internacional de pensamiento y acción. Su
meta es procurar cambios individuales y sociales que provoquen la mejora
ambiental y un desarrollo sostenible. También es un proceso que intenta
promover las aptitudes y actitudes para la comprensión de la interrelación
entre hombre, cultura, y ambiente físico y de este modo incentivar los valores
del desarrollo sustentable.
Es evidente la relación entre educación y
desarrollo, pues aunque está universalmente reconocido que la educación es un
derecho humano fundamental, son los sistemas educativos dominantes los que
determinan el tipo de sociedad y de individuo que prevalece y, por con
siguiente, el grado, la forma y, sobre todo, la orientación del
desarrollo que se pretende lograr. Las metas a perseguir y los métodos para
hacerlo están determinados por la estructura ideológica que les sirve de
soporte. Por ello, definir la educación está en consonancia con el modelo de
ser humano y de sociedad y consecuentemente el producto será el modelo de
desarrollo. Es decir, si pretendemos que la educación tenga la doble función
social de, por una parte, formar a las nuevas generaciones en un modelo de
sostenibilidad integral (solidaridad sincrónica y diacrónica), y, por otra, de
contribuir al cambio en los estilos de vida, en los cono cimientos y conductas
de la sociedad actual, se necesitará un marco de referencia que fundamente y
concrete las propuestas educativas (Vega, Freitas, Álvarez y Fleuri, 2008)
La Educación Ambiental y, más
concretamente, la Educación para el Desarrollo Sostenible, la Educación para la
Sostenibilidad y la Educación Ambiental e Intercultural para un Desarrollo
Sostenible (EADS) son consecuencia de
los acuerdos establecido por la UNESCO (2005) en el “Compromiso para una Educación para la Sostenibilidad y las
recomendaciones de la ONU y la UNESCO para la Década de Educación para un Desarrollo Sostenible (2005-2014)
(Vega, Freitas, Álvarez y Fleuri,
2008).
El desarrollo local y global debe forjarse en una educación en
condiciones de equidad, que incorpore tanto el desarrollo personal como los
aspectos ambientales, socioeonómicos y culturales. Vega, Freitas, Álvarez y Fleuri,
(2008, p. 29) señalan que
si se parte del principio de que la “sostenibilidad comienza por uno mismo, y
en nuestro entorno”, y desde una relación con lo global, es conveniente
realizar actividades educativas que permitan el desarrollo de capacidades, de
compromisos e incentive la disposición a actuar, y mencionan:
a)
construir un nuevo modelo basado en los principios de la sostenibilidad;
b)
comprender la conexión de los procesos ambientales, sociales, económicos y
culturales;
c) conocer
la problemática socioambiental local y global “glocal” y sus relaciones;
d)
capacitar para analizar los conflictos socioambientales, en el debate de alternativas
y en la toma de decisiones, individuales y colectivas;
e)
favorecer la extensión de “buenas prácticas sostenibles” en diferentes
contextos y culturas.
El diseño y desarrollo de este tipo de
actividades coadyuvarían desde la perspectiva de la sostenibilidad y la
equidad, hacia modos de vida y actividades económicas que no superen la
capacidad de carga de los ecosistemas y no generen desigualdades sociales.
Responsabilidad
social y desarrollo sustentable
La responsabilidad social tiene
a la organización como su centro de interés y concierne a las responsabilidades
de una organización respecto de la sociedad y el medio ambiente. La
responsabilidad social está estrechamente ligada al desarrollo sostenible. Como
el desarrollo sostenible se refiere a objetivos económicos, sociales y
ambientales comunes a todas las personas, se puede utilizar como una forma de
resumir las más amplias expectativas de la sociedad que necesitan ser tomadas
en cuenta por las organizaciones que buscan actuar responsablemente. Por tanto,
el objetivo primordial de una organización socialmente responsable debería ser
contribuir al desarrollo sustentable.
El
objetivo del desarrollo sustentable consiste en alcanzar la sostenibilidad de
la sociedad en su conjunto y del planeta. No concierne a la sostenibilidad o a
la viabilidad continua de una organización específica. La sostenibilidad de una
organización individual podría ser o no ser compatible con la sostenibilidad de
la sociedad en su conjunto, la cual se logra abordando los aspectos sociales,
económicos y ambientales de manera integral. El consumo sostenible, el uso
sostenible de los recursos y los estilos de vida sostenibles son actividades
relevantes para todas las organizaciones y están asociados a la sostenibilidad
de la sociedad en su conjunto.
Referencias
De
Vincenti, G. (2009). La evolución del
concepto de desarrollo sostenible. Medio Ambiente y derecho, Revista
electrónica de derecho ambiental. [Documento en línea]. Disponible:
http://huespedes.cica.es/gimadus/23/09_la_evolucion_del_concepto_de_desarrollo_sost.html [Consulta: 2016, Septiembre 27].
Duran, D.
(2010). Las dimensiones de la sustentabilidad. Ecoportal.net. [Documento en línea]. Disponible:
http://www.ecoportal.net/Temas-Especiales/Desarrollo-Sustentable/las_dimensiones_de_la_sustentabilidad [Consulta:
2016, Septiembre 30].
Foladori,
G. Tommasino, H. (2000). El
concepto de desarrollo sustentable treinta años después. Desenvolvimento
e Meio Ambiente, n. 1, p. 41-56,
jan./jun. 2000. Editora da UFPR. [Revista en línea].
Disponible: http://revistas.ufpr.br/made/article/viewFile/3056/2447
[Consulta: 2016, Septiembre 29].
Fuenmayor, J., Paz, J. (2006). Desarrollo
sustentable y sostenible a partir del proceso de descentralización en
Venezuela: El caso de la Gobernación del Estado Carabobo. Revista Venezolana de Gerencia, 11(35),
420-452. [Revista en línea]. Disponible:
http://www.scielo.org.ve/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1315-99842006000300006&lng=es&tlng=es.
[Consulta: 2016, Septiembre 28].
Fundación
enlaces (2010) ¿Que pasó en Copenhague 2009? …¿Qué va a pasar? [Documento en
línea]. http://fundacion-enlaces.org/site/?p=161 [Consulta: 2016, Septiembre
28].
García
Acuña, Santiago (2010). Especial cambio
climático. [Documento en línea]. Disponible: http://www.realinstitutoelcano.org/wps/portal/rielcano/contenido?WCM_GLOBAL_CONTEXT=/elcano/elcano_es/especiales/especial+cambio+climatico/publicaciones+rie/ari+y+dt/dt18-2010 [Consulta:
2016, Septiembre 28].
Gracia-Rojas, J. P. (2015). Desarrollo sostenible: origen, evolución y
enfoques. (Documento de docencia No. 3). Bogotá: Ediciones Universidad
Cooperativa de Colombia. [Documento en línea]. Disponible:
http://dx.doi.org/10.16925/greylit.1074 [Consulta: 2016, Septiembre 28].
La
Vina, A. Hoff, G. y DeRose, A.M. 2002. Éxitos
y fracasos de Johanesburgo: una historia de muchas cumbres Informe para
instituciones donantes y organizaciones de la sociedad civil respecto a la
Cumbre Mundial sobre el Desarrollo Sostenible. World Resources Institute. [Documento
en línea]. Disponible: http://pdf.wri.org/wssd_joburg_spanish.pdf [Consulta: 2016, Septiembre
26].
Macedo, B. (2005). El concepto de sostenibilidad. Oficina Regional de la Educación
para América Latina OREALC – UNESCO. [Documento
en línea]. Disponible: http://unesdoc.unesco.org/images/0016/001621/162177s.pdf [Consulta:
2016, Septiembre 26].
Martínez L. (2014). Análisis crítico
reflexivo sobre Complejidad ambiental. [Revista en línea] ARJÉ
Revista de Postgrado FACE-UC. Vol. 8 Nº 14. Enero-Junio. Disponible: http://servicio.bc.uc.edu.ve/educacion/arje/arj14/art14.pdf [Consulta: 2016, Septiembre
27].
Rubio, E. Akizu, B. (2005). Desarrollo
sostenible y globalización, cuando el futuro influye sobre el presente. Lan Harremanak 12 (1). [Documento en
línea]. Disponible: https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/1249375.pdf [Consulta: 2016, Septiembre 25].
Organización
de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (2012). Educación para el Desarrollo Sostenible.
Instrumentos de aprendizaje y formación N° 4. [Documento en línea]. Disponible: http://unesdoc.unesco.org/images/0021/002167/216756s.pdf [Consulta: 2016, Septiembre
25].
Utria, R. (2002). El Desarrollo de las Naciones. Hacia
un nuevo paradigma. Sociedad Colombiana de Economistas. Comisión de Altos
Estudios Económicos y Sociales. Editorial Alfaomega. Colombia
Trupia, G. (2010) Desarrollo tecnológico y
sustentabilidad. Revista Voces en el
Fenix, Julio. [Revista en línea]. Disponible: http://www.vocesenelfenix.com/sites/default/files/pdf/8trupia_2.pdf [Consulta: 2016, Septiembre
26].
Vargas, J. (2007).
Sustentabilidad organizacional para el desarrollo ambiental y económico en
microempresas en San Sebastián del Sur. Ponencia presentada en cuarto encuentro internacional
sobre Desarrollo sostenible y población
y Simposio "Origen, causas y consecuencias de la Crisis del Agua y las Estrategias Nacionales para afrontarla" realizado del 5 al 22 de junio de 2007 Red Iberoamericana Global-Loca y EUMED.NET. [Documento en línea]. Disponible: http://www.eumed.net/eve/resum/07-junio/index.htm [Consulta: 2016, Septiembre 27].
y Simposio "Origen, causas y consecuencias de la Crisis del Agua y las Estrategias Nacionales para afrontarla" realizado del 5 al 22 de junio de 2007 Red Iberoamericana Global-Loca y EUMED.NET. [Documento en línea]. Disponible: http://www.eumed.net/eve/resum/07-junio/index.htm [Consulta: 2016, Septiembre 27].
Vega, P,
Freitas, M., Álvarez, P. y Fleuri, R. (2008) Educación Ambiental e Intercultural para la sostenibilidad: fundamentos
y praxis. Utopía y Praxis
Latinoamericana. Año 14, No. 44, pp. 25 – 38. [Revista en
línea]. Disponible: [Consulta: 2016, Septiembre 25].
Fleuri, Reinaldo. (2009). Educación
Ambiental e Intercultural para la sostenibilidad: fundamentos y praxis. Utopía y Praxis Latinoamericana, 14(44),
25-38. [Revista en línea]. Disponible:
http://www.scielo.org.ve/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1315-52162009000100003&lng=es&tlng=es.
[Consulta: 2016, Septiembre 26].
SÍNTESIS
…La Cumbre de Johannesburgo: panorama general. [Documento
en línea]. [Consulta: 2016, Septiembre 26].
http://www.un.org/spanish/conferences/wssd/cumbre_ni.htm [Documento en línea].
[Consulta: 2016, Septiembre 28].
http://www.desarrollosustentable.co/2013/06/organizaciones-ambientales.html[Documento
en línea]. [Consulta: 2016, Septiembre
28].
http://redesambientales.com/las-ongs-ambientales-de-venezuela/
[Documento en línea]. [Consulta: 2016, Septiembre 28].
No hay comentarios.:
Publicar un comentario